Zaid y los sueños

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Siria, Turquía, Múnich y, por fin, Getafe. La imagen (El País) de Zaid con la equipación del Real Madrid y un balón de fútbol resumen la felicidad de un niño de siete años. Su padre, Osama, explicaba, a quien quisiera escucharlo, que España era un sueño. Ahora quiere trabajar, tener una vida digna y ayudar a su país de origen; a la gente que sufre la pobreza y se encuentra entre la barbarie del Estado Islámico y un dictador “consentido” por Occidente, El Asad.

La sonrisa de Zaid recuerda imágenes de la película de Roberto Benigni, “La Vida es Bella” (1997). Un padre plantea un juego en un campo de concentración nazi para que su hijo pequeño no se contaminara del horror en el que estaban sumergidos. Si la foto de Aylan nos ayudó a tomar conciencia de la muerte absurda, la imagen de Zaid es un balón de oxígeno.

Nuestro mundo es así. Tan pronto nos sacude una imagen, un vídeo; tan pronto otra imagen nos reconforta. Vamos camino de unas sociedades multiculturales, complejas, que se están construyendo a base de golpes de efecto de la vida misma. Europa será irreconocible dentro de 100 años. Cuna de la civilización, congregará todo tipo de retos. Éstos, nos hacen crecer como personas: tolerancia, paciencia, empatía, asertividad.

La educación que recibimos y la que vamos adquiriendo en nuestra temprana madurez nos dan las herramientas para comprender y aceptar al otro. La cultura adquirida es la llave para comprometerse en la integración. Siempre observo con gran admiración a Daniel Baremboin. Su excelsa impronta musical, no sólo nos maravilla. También su compromiso en la integración de israelíes y palestinos. Es un trabajo diario, constante, ingrato en muchas ocasiones, frustrante en otras… pero cuando la integración ocurre, los resultados son esperanzadores.

Los medios de comunicación tienen que vender. Un personaje público utiliza su masiva llegada para mostrarnos lo que ocurre, sin más. Nosotros, mientras tanto, vivimos en una zona de confort que, cuando nos queramos dar cuenta, nos la habrán derrumbado. Vivimos épocas de enormes retos, no sólo personales, también sociales. En Europa nos jactamos de ser solidarios pero que ocurre cuando llaman a la puerta en busca de ayuda al lado de nuestras casas. ¿Cómo estamos educando a nuestros hijos en estos valores? ¿Lo estamos haciendo? Sí, en los colegios ocurre pero cuando vuelven a casa, ¿somos coherentes y continuamos dando forma a su cultura?

La foto de Zaid es una invitación a sonreír; a pesar en un futuro más amable. La foto de Aylan debe abrirnos los ojos. Los ciudadanos europeos somos protagonistas en la historia que estamos viviendo. Historias de la vida misma; sólo que ahora el barrio, el pueblo han ampliado las fronteras. Nuestra mente también debe adaptarse.

Sebas Morelli Jaimez

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