Primer mundo miope

Primer mundo miope

Hay una falta de conexión que, a esta altura de la vida, resulta insultante. ¿Qué es el primer mundo? Supongo que esa zona de confort donde sus ciudadanos viven felices con sus sueños, compras y compartiendo un bienestar logrado a través de generaciones que han vivido guerras, exterminios y desigualdades sociales. Si sales un poco de las luces de una gran ciudad, pongamos como ejemplo Madrid, donde vivo, la desigualdad está ahí. Sólo hay que saber observar. ¿Debemos sentirnos culpables por ello? Absolutamente no.

Cuando comenzó la diáspora del pueblo sirio, Europa abrió sus puertas. El efecto llamada está haciendo tambalear la hospitalidad europea que recela (por miedo y desconocimiento) sobre las consecuencias que puede tener la masiva llegada de personas que buscan, sobre todo en Alemania, el paraíso. La gente se pregunta, ¿estamos preparados? ¿Están nuestros políticos a la altura para gestionar esto? La respuesta es no. Por incapacidad y por miedo a tomar decisiones claves y nunca sencillas. Hablamos de personas.

Entonces, ¿qué hacer? Porque no sólo hablamos de Siria y el Estado Islámico. El mundo es un polvorín con sus conflictos. Venezuela, Colombia, Argentina, Brasil, México, Centro América, Palestina, Ucrania, Afganistán, Turquía, Egipto, Libia, Irak, Sudán, Nigeria… Pobreza, guerras, narcotráfico, armas, violencia.

Se suele decir que el problema hay que atajarlo en origen. Generar riqueza en cada uno de los países para que sus habitantes no tengan que arriesgar sus vidas en busca de un horizonte más prometedor que, en muchos casos, nunca se convierte en esa realidad tan esperada pero que siempre será mejor que el lugar de origen. Para conocer de primera mano estas realidades hay que haberlas vivido. Siempre recuerdo cuando estudiaba periodismo y luego al realizar trabajos en el terreno, tener que entrar en villas miseria (en mi Buenos Aires natal) y, quizá por la inconciencia de la temprana edad, interiorizarme de muchos problemas o situaciones de una realidad que muchas veces no se quiere mostrar. Cuando has sido amenzado de muerte, cuando ves la violencia con tus propios ojos, cuando comprendes, a muy temprana edad, lo que te rodea, ya no puedes ser indiferente.

Es muy complejo erradicar estos problemas de origen. Hay miles de personas que aportan su solidaridad, lo que no tienen, para lograr que millones de otras personas tengan una vida más estable y sacar adelante sus vidas. Siempre hago hincapié en que la educación y la cultura le dan a un ser humano las mejores herramientas para ser alguien que se desarrolle en valores. El problema surge cuando son los estados quienes tienen el poder de realizar con fuertes presupuestos el crecimiento intelectual de sus sociedades. Los estados no están interesados en que esto ocurra. Un pueblo dominado es un pueblo manipulado.

Tenemos un primer mundo miope. Tenemos un mundo en subdesarrollo perpetuo. El desarrollo tecnológico nos cuela en nuestras casas, como nunca, estas realidades. Puedo y quiero ser feliz; y lo soy. Pero por mi primera profesión y por el trabajo que hago con personas, siento la necesidad (moral si se quiere) de exponer estas reflexiones. No por sentirme mejor, sino por saber que, como yo, hay miles de personas que, agradeciendo la vida que tenemos, no olvidamos mostrar al mundo nuestra preocupación por abrir los ojos, las puertas a una realidad que la tenemos delante de nuestras narices. Con la certeza de asumir el compromiso de dar testimonio de momentos difíciles para millones de seres humanos. Hablamos de personas.

Sebas Morelli Jaimez

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