La historia no nos enseñará nada

Atentados París. Imágenes Diario El País

En muchas ocasiones he hablado sobre el miedo. De acuerdo a cómo hemos sido educados y el entorno en el que nos desarrollamos, éste afecta de una forma u otra. El miedo paraliza. El miedo es un estado mental. Está en nosotros gestionarlo y que nos afecte lo menos posible. Un poco está bien para saber de ciertos peligros. Vivir en el miedo es convertir nuestras vidas en esclavitud.

Pero, ¿qué ocurre cuando vivimos barbaries como las de este pasado viernes en París? El 08 de enero de este año, la ciudad de las luces vivía otro acto inexplicable. La revista Charlie Hebdo fue el epicentro de la locura. Repasaba ese artículo que escribí y demandaba que eran los Estados (sus gobiernos) quienes debían estar a la altura… Al final, son ellos los que nos representan y tienen el poder de actuar. Me temo que por mucha lógica que apliquemos y, como cantaba el gran Bob Dylan, la respuesta está en el viento, mi amigo…

Pedir a Estados que negocian ventas de armas, petróleo, gas, minerales y un sinfín de negocios que se escapan de nuestra capacidad de comprender por la complejidad que ello esconde… es pedir a esos mismos Estados hacerse trampa al solitario.

Cuando se habla de atacar el problema en origen (recuérdese la situación de los refugiados de Siria -y otros países- hacia Europa, todavía viviéndose), ello no implica enviar tropas y aniquilar a quién o quiénes son los autores intelectuales de los atentados que vivimos en Europa o Estados Unidos (también se viven en otras regiones de África y Asia y, como lo vemos muy lejano, miramos hacia otro lado). Se trata de atacar el problema con la educación, con el fomento de una cultura en los valores que cada pueblo o región tiene, buscando acuerdos para que, en el equilibrio más justo posibles, todos nos desarrollemos equitativamente…

Pero el mundo no funciona así. La idealización es fundamental para tener una hoja de ruta en la que trabajar. Si esto no tiene una consecuencia, la frustración y la decepción se hacen presentes y ello es lo que está ocurriendo cada vez más en las sociedades occidentales. Nuestras cómodas vidas se empiezan a ver truncadas. Da lo mismo que estés en un café o sala de conciertos en París, Londres, Madrid o Nueva York… Incluso viviendo en ciudades más tranquilas (a priori) puedes encontrarte con estos radicales preparando actos terroristas.

Las guerras mundiales ya no son como antaño. Hoy la tecnología juega un papel capital. ¿Quieres causar un impacto brutal? Lo de París es el mejor ejemplo… Mientras tanto la vida continua. Pasarán varias semanas y nos habremos olvidado de esto, hasta que otro acto terrorista vuelva a sacudir nuestras mentes o, quizá, seamos protagonistas cercanos o directos de él…

Hoy, más que nunca, podemos decidir cómo queremos vivir y defender el mundo que le dejaremos a nuestras futuras generaciones… pero el miedo, otra vez el miedo, nos identifica y globaliza para no actuar. Nuestras vidas felices se pueden ver truncadas en segundos y, sabiéndolo, no hacemos nada. Aquí es donde la autocrítica debe aflorar. Querer ser felices y tener una vida maravillosa está muy bien pero, más allá de muchas poses que nos inundan incluso vía redes sociales, ¿estamos dispuestos, realmente, a salir de nuestra zona de confort? ¿Estamos dispuestos a exigir un cambio severo a nuestros gobernantes? Siendo realista, que no pesimista, creo que la historia no nos enseñará nada. De una u otra forma, seguimos cometiendo (y permitiendo, cuando miramos a otro lado) los mismos errores.

Sebas Morelli Jaimez

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