Renovarse o morir

Renovarse o morirIr a una entrevista de trabajo siempre tiene ese cosquilleo de nerviosismo. Como si fuera la primera vez. Queremos seducir, gustar, mostrar nuestros conocimientos, qué podemos aportar. Queremos ser los mejores. Venderlo y luego, claro, demostrarlo.

Nos preparamos con nuestras mejores ropas. Llegamos unos minutos antes. Utilizamos todas las herramientas de la diplomacia. Observamos, escuchamos… es nuestro momento. He participado de procesos de selección en ambos lados de la mesa. Debo confesar que no todo el mundo se toma en serio una entrevista de trabajo, ya sea por falta de motivación, asesoramiento o una situación personal compleja que, quiera o no el candidato, lo refleja en la entrevista. Pero esto es tema para otra oportunidad.

El problema surge cuando después de prepararnos llegamos al lugar de la entrevista y, ya sea por el entrevistador o por las condiciones donde se hace la misma, todo lo preparado se desmorona. Malas condiciones de iluminación, desprolijidades, entrevistador mal alineado, con un vocabulario desproporcionado… Y no estoy hablando de un empresario, generalmente pyme, que te recibe en su “casa” y, con mucha humildad, te pide disculpas por tal o cual cosa. Estoy hablando de una empresa que es “consultora”.

También en este aspecto, los tiempos están cambiando. Por más que un consultor tenga más de 50 años, debe actualizar sus formas. Sobre todo en el mundo de la selección de personal. Esto es parte de una época rancia que debemos abandonar ya mismo. Los tiempos que corren van a toda velocidad. Nos guste o no, nuestra adaptación debe ser también a grandes velocidades.

Recuerdo que en una clase del máster de Dirección Comercial y Gestión de Ventas que hice hace un par de años, nos comentaba el presidente de una importante consultora de recursos humanos que las empresas que no sean eficientes tienen que cerrar, tienen que morir. Esta crisis que estamos viviendo está haciendo que quién no se adapte, muera. Es la vida misma y las personas o las empresas que no se adapten morirán. Y no vale echarle la culpa al entorno.

Los tiempos de crisis son también tiempos de oportunidades; no sólo para que nazcan nuevas ideas, sino para renovarse.

Sebas Morelli Jaimez

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