Reparto complicado

Reparto complicadoAparcó la furgoneta cerca de la entrada de urgencias, pero dejando suficiente espacio para que pudieran pasar las ambulancias, y entró en el vestíbulo, algo desorientado, hasta que advirtió el cartel de información. Había una larga fila de gente esperando, y buscó un celador para preguntarle por qué puerta debían entrar las cajas de bizcochos. Apenas había abierto la boca cuando el celador le preguntó a su vez si tenía sangre universal cero negativo, y como era cierto que él tenía ese tipo de sangre, repuso que sí, y entonces, sin darle ninguna explicación, le sentaron en una silla de ruedas -¿de dónde había salido la silla de ruedas?- y lo metieron por un pasillo.

-Es que yo venía a traer unos bizcochos… -le dijo a la enfermera que le ayudó a tumbarse en una camilla.

Y la enfermera asintió, y le dijo que se trataba de una emergencia, y le anudó las gomas en el antebrazo para que se le hincharan las venas.

Después de extraerle la sangre, se marchó la enfermera, y vino un celador muy grueso que le obligó a volver a sentarse en la silla de ruedas a pesar de sus protestas. Al poco rato lo dejó en un pasillo, porque otro celador -éste más delgado- que venía a su encuentro. Le ordenó al gordo que acudiera inmediatamente a quirófanos. Abandonado, solo en aquel pasillo, iba a levantarse de nuevo cuando otra enfermera que salió de una puerta le chilló con enfado, y se volvió a sentar, y la enfermera le empujó hasta la sala de escayolas y le dijo que se desnudara.

No estaba dispuesto a desnudarse, ni menos a que le escayolaran el brazo como pretendía un señor de gafas, y entonces les explicó que él era un repartidor de bizcochos, y el señor de gafas se enfadó con la enfermera, y él se escabulló mientras discutían, y comenzó a bajar pisos y a recorrer pasillos, hasta que llegó a las cocinas.

Y entonces sí, por fin se presentó a los pinches, y uno de los cocineros le dijo que se diera prisa, que necesitaban organizar la despensa y que trajera de una puñetera vez las cajas de bizcochos. Salió de las cocinas y, cuando regresó al punto de partida, descubrió que la furgoneta ya no estaba allí: se le había llevado la grúa. Cuando el juez le preguntó por qué le había pegado al jefe de almacén, el repartidor alegó en su defensa los malos modales de su superior, quien le había recriminado que hubiera tardado una mañana entera en entregar una caja de bizcochos.

Cuento popular

¡Todo se puede complicar según nos dejemos llevar…!

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