¿Realmente nos miramos al espejo?

¿Nos miramos realmente al espejo?

La visita del papa Francisco a la isla griega de Lesbos se cerró con la acogida de 12 refugiados en el Vaticano. En un mundo cada vez más falto de ejemplos, Jorge Bergoglio mira de frente el problema y lejos de debates ahora estériles sobre la Iglesia, toma decisiones. Se harán cargo de buscar trabajo para estas tres familias con niños que escaparon de las bombas.

Quienes emigran con lo puesto de sus países de origen no saben de demagogias. Quieren vivir y dar de comer a sus hijos y tener un futuro más digno. La desesperación de llegar a Europa hace que nada los detenga. Lo mismo que los inmigrantes que cruzan desde África en pateras hacia las costas italianas o españolas. Esta realidad añeja golpea de frente ante nuestras caras y ya no hay posibilidad de mirar hacia otro lado.

¿Realmente nos miramos al espejo? ¿Sirve seguir debatiendo sobre el papel de las grandes potencias en la gran maquinaria por generar dinero y poder? Debatir sobre lo estéril, sobre un gran hermano que todo lo ve y que, posiblemente, esté ahí… pero y cada uno de nosotros, ¿qué hacemos?

Observaba la pasada semana como se manifestaban cientos de personas por un concursante de un programa de televisión para que no lo echaran. Sólo miramos lo que no nos genera sufrimiento y en ese lánguido camino por no observar lo que ocurre a nuestro alrededor, un día, cualquiera, en cualquier momento, tendrás el problema delante de tus narices… ¡Ya lo tienes!

¿Y ahora qué? La historia de la humanidad está hecha de migraciones, guerras, miserias, evolución, injusticias, alegrías y muchos claroscuros y arco iris. Como siempre me gusta remarcar, la vida no es todo depresión ni felicidad eterna. La realidad está hecha de los valores con los que fuimos educados y con los que reforzamos de adultos. Mirarnos al espejo y observar lo que nos devuelve es un buen ejercicio para conocernos y mirar nuestra vida y el entorno que nos rodea a la cara. Sólo unos valores irrenunciables para ser mejores personas.

Facebook o WhatsApp están muy bien para comunicarnos pero ¿qué nos ocurre cuándo nos escondemos detrás de lo virtual? Si tu realidad está en la nube, la caída puede ser dura.

Sebas Morelli Jaimez

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