Ese objeto que me provoca

Ese objeto que me provocaElla (pronúnciese “Ela”) tiene un problema, no menor, que resolver. Siempre ha sido una chica muy ordenada; casi con una obsesión de guardar todo tipo de documentos que le recuerdan experiencias pasadas. Tickets de conciertos, boletos de metro, papeles o servilletas donde alguna vez dejó volar sus sueños. Cada tanto los revisaba en busca de recuerdos. Sonrisas. Lágrimas. Momentos de vida. Su vida.

A punto de cumplir 40, Ella, un día se despertó y observó algo que la hizo pensar. “Ese objeto que me provoca”, se dijo a sí misma. Sentía que un libro (como podría haber sido cualquier otro objeto), la estaba invitando a replantearse tu forma de entender su realidad. Siempre pendiente de tener todo muy organizado, guardado y ordenado, empezó a ver que ya no le hacía feliz. ¿Cómo sería la vida de quienes eran desordenados, desorganizados?

Lentamente comenzó a hacer “limpieza”. Llenó bolsas enteras de basura. No se planteó recuerdos ni momentos ni personas. Entendió que se estaba quitando una mochila muy grande. Comenzó a experimentar otras sensaciones. Más libertad, menos ataduras. Se permitió errores y olvidos. Tenía miedo a disfrutar y se lo quitó. ¡Horror! Estaba comenzando a vivir su propia vida.

A Ella le encantan, ahora, los espacios abarrotados y el desorden. Celebra este maravilloso mundo que acaba de descubrir. Después de todo, se ha dado cuenta que estaba atrapada en su propia cárcel. Un día encontró la llave y nunca más volvió a cerrar la puerta de su libertad.

Sebas Morelli Jaimez

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