Carta al Mediterráneo

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En estos pensamientos fulminantes que te vienen a la cabeza, me acabas de ayudar a recordar y comprender por qué necesito extrañar el mar y no vivir muy cerca de él; por qué amo la montaña y su inmensidad “sin límites” geográficos.

Ya te lo explicaré (y es mi interpretación) pero el mar te limita física, mental y emocionalmente. Me lo recuerda mi ciudad natal. No deja de ser un muro que contemplas pero que nunca podrás dominar porque tiene su propia energía arrolladora. El mar genera nostalgia, pensamientos recurrentes; vuelves una y otra vez sobre ellos y nunca pasas a la acción… Lanzas un pensamiento, una emoción y cuando vuelves sabes que sigue estando ahí… El mar sabe más por viejo que por nuestra propia sabiduría que nunca será suficiente… Nunca una marea es igual a la otra y esa es la energía brutal, destructora y seductora, al mismo tiempo, de la inmensidad azul…

La montaña te pone en tu sitio y te muestra todos los caminos que quieras hacer, sabiendo que nunca hay un final y que dependes de tu propio esfuerzo y sacrificio; de tu propia voluntad. Pero esos caminos los puedes hacer y sólo depende de ti pasar a la acción.

Al mar voy a recobrar emociones y a llenarme de aire nuevo. La montaña me invita a superarme, a decirme a mi mismo que debo salir de la zona de confort y ampliarla; me muestra que “puedo” hacerlo.

Ningún camino es fácil, ninguno… Cuando tomamos decisiones reales, y no de fantasías, observamos, no sin dureza, lo que implica realmente estar solos…

El riesgo lo asumes sólo tú… y las consecuencias te afectan sólo a ti…

Este es el camino que tú has decidido andar y debes encontrar tus propias respuestas desde la paciencia, la coherencia contigo, tus valores y, sobre todo, comprender que el camino de la maduración personal está lleno de barreras pero que no importa cuántas aparezcan si no que eres capaz de superarlas mientras sigues avanzando… ¡Tú eres capaz de todo!

Desde el corazón, te deseo todo lo mejor porque te lo mereces sobradamente. ¡Eres una maravilla de persona! Si me necesitas, sabes donde estoy. Confía mucho en ti. Desde la distancia, yo confío. La montaña y el mar pueden unirse. Esta carta al Mediterráneo lo atestigua. Más allá de estar hechos de emociones, Manarola, lo atestigua.

Sebas Morelli Jaimez

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