Internet: ficciones verdaderas

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Una de las cosas que aprendí para ser periodista es el fundamento de la información. No sólo leer, entender y analizar. Hay que investigar y contrastar. Por cierto, he cogido parte del título de esta entrada de un magnífico libro de Tomás Eloy Martínez llamado “Ficciones Verdaderas” (2000). Recomiendo su lectura.

Internet da la posibilidad de libertad de expresión como nunca se ha conocido. Mal que les pese a muchos gobiernos. Pero observo con mucha preocupación el compartir noticias por Facebook, webs, blogs y otros medios que carecen de autores y credibilidad.

El exceso de información en internet hace que sea intelectualmente sano, contrastar lo que se publica. Independientemente del tema. Observo que se difama a personas, marcas o empresas con una facilidad, que hacen que sea quién las comparte merecedor de esa falta de credibilidad.

Hay que tomarse estas cosas en serio. Hay mentiras verdaderas en nuestro día a día. Una delgada línea entre lo que es verdad y no. Está claro que hay intereses por todos los lados. Siempre los ha habido. Posiblemente haya gente que le guste vivir en una mentira constante. ¿Hasta cuándo? Creo que es un mejor ejercicio implicarse y actuar sobre temas que nos puedan interesar y profundizar en aquello que realmente nos preocupa.

No hay que olvidar que en la red de redes estamos generando nuestra propia marca personal. Todo lo que escribimos queda registrado y puede actuar a nuestro favor… o en contra. Cuando recomendamos a alguien en LinkedIn, debemos cuidar cómo redactamos. Cuando compartimos una información, debemos citar a la fuente y contrastar lo publicado.

No sólo lograremos una mejor versión de nosotros mismos. Nos convertiremos en personas confiables. Podremos ser líderes de opinión o de referencia. Es en sí mismo un trabajo, intelectualmente duro. Hay que leer, dudar, contrastar (repito esta palabra pero es capital) y divulgar.

Si no lo hacemos, tarde o temprano, nos dejarán de seguir. La información en internet implica responsabilidad y coherencia. Implica madurez personal. Está en juego nuestra reputación como marca personal. Internet no es sólo un mero lugar para pasar el rato o comprar (y muchos etcéteras). Hay que entender hasta dónde está en juego nuestro nombre. Es un cambio de paradigmas y si no lo sabemos gestionar, nos puede perjudicar seriamente.

Sebas Morelli Jaimez

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