La incertidumbre llegó para quedarse

Según los estudios científicos, la humanidad (más o menos como la conocemos) lleva unos 200.000 años desarrollándose. Hasta hace un par de siglos, sólo accedían a la educación (leer y escribir básicamente) una determinada elite. La revolución tecnológica que estamos viviendo nos abre las puertas a un mundo muy desigual. El ser humano se ha ido adaptando para sobrevivir. En todo este largo proceso, estamentos como la Iglesia, el Estado y otras organizaciones con un fuerte arraigo social han limitado el comportamiento humano a un simple pero efectivo estado emocional: el miedo.

Las emociones impulsan nuestro comportamiento. Nos han enseñado, hemos crecido y desarrollado buscando respuestas a todo. Necesitamos saber el por qué de las cosas. Tener certezas. Cuando ocurre una tragedia y no se encuentran los por qué, el miedo se apodera del sector social que lo ha sufrido; pero todo el mundo que “empatiza” con la situación acaba por instalar en su mente esa sensación de vulnerabilidad y las cosas, puede ocurrir, no serán como antes.

Si esto pasa a nivel macro, en el día a día la influencia que recibimos de nuestro entorno más inmediato puede convertirse en nuestra propia cárcel mental. Mucha gente sufre una dependencia de la opinión de los demás. Podemos hablar de falta de personalidad, de gestión de nuestra propia vida, de no tomar decisiones y un largo etcétera. Sin embargo, sigue siendo el miedo el que nos paraliza en todos los aspectos.

Como muchas veces hemos leído y escuchado, el ser humano y las especies vivas, por supuesto, gracias a su adaptación es como hemos logrado continuar la vida en este planeta. Adaptación. Y detrás de esta palabra viene todo lo contrario al miedo. Cada vez más sabemos que son quienes se adaptan los que evolucionan. No sólo en la vida. En lo familiar, social, en los negocios. Por lo tanto, esta crisis (de oportunidades) que estamos viviendo, nos está devolviendo a una situación casi primitiva de nuestro existir. La incertidumbre se hace presente y rompe con todo el halo de protección que, en general, estábamos acostumbrados a “disfrutar”.

Bienvenidos a una nueva forma de entender la vida. Bueno, tan nueva no es. Se acabaron las pensiones. Se acabó el Estado que nos protegía. Es hora de madurar. De hacernos cargo. De colaborar. De no tener miedo. De confiar en nosotros mismos, como personas y como sociedad. Las cosas no serán como entonces.

Todos cometemos errores. Nos caemos. Perdemos. Nos echan. Nos dejan. Nuestra autoestima, a veces, desaparece. Desconfiamos… Nos puede ocurrir. Somos humanos. Y es aquí donde aflora la educación y cultura que hemos recibido. Y sino, una vez adultos, no tenemos excusas. Podemos modificar nuestro mapa mental. Fuera viejas creencias que nos limitan. Lleva su tiempo pero se puede modificar nuestra forma de entender todo lo que nos rodea y como nos afecta e intentar ser nosotros mismos. Cambiar nuestro comportamiento. Claro que se puede y hay que empezar por uno mismo y no esperar que los demás cambien o modifiquen conductas.

Bienvenidos a la era de la incertidumbre. Hay que adaptarse. Por supuesto que puedes hacerlo…

Sebas Morelli Jaimez

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