Octava carta de agosto

Historia 1 | Un padre “juega”, con su hijo de seis años, a que el niño es camarero. Cuando le pide la cuenta, el niño no sabe realizar una resta que, para un adulto, resulta obvia en un nano segundo. El niño se atasca y no sabe responder. El padre entra en una espiral y hasta que el niño no sepa la respuesta, no seguirá jugando. Entonces aparecen palabras (dichas por el padre) como “no sabes nada”, “mierda” o “así no vas a llegar a ningún lado”. Su madre, junto a su otra hija, son testigos de la situación que se extiende por unos 10 minutos hasta que la familia se va. La madre ha sido testigo muda.

Historia 2 | Un niño de unos 12 años está jugando con su padre con unas paletas y una pelota. He perdido la cuenta de cuántas veces el niño llamó tonto a su padre. Quise contarlas pero me perdí… en la cuenta y en el asombro. Al padre no le conocí la voz. Asumiría que la reacción constante de su vástago no iría con él… También había una madre y una niña pequeña. Ésta, estaba juntando unas conchas. Se acerca a la zona de juego de su padre y hermano y, éste último, la echa, no sin decirle que se meta las conchas en el culo.

Todo esto ocurre en una misma playa dentro de la misma hora. Como profesional, tengo el “defecto” de la escucha activa y la observación. Como padre, la conciencia de saber que estoy educando a mi hija de forma “normal”. Como persona, contemplo la decadencia de algo esencial que debe primar en el vínculo, ya no sólo familiar, sino social: los valores.

Salir de vacaciones con la familia se ha convertido para muchos en una “tortura”. Por supuesto no todos son estos casos mencionados pero tampoco son los menos. Llegamos a un punto en el que la falta de autoconciencia, empatía y compromiso con uno mismo nos está marcando cómo son las sociedades actuales de las que luego nos sorprendemos cuando leemos las noticias u observamos, estupefactos, la televisión ante casos que nuestra mente no logra comprender. Quizá sí los comprendamos, sólo que no queremos aflorar nuestras propias verdades.

Y así vamos por la vida… Agosto comienza a recorrer sus últimos suspiros; nuestra autoconciencia, seguirá plácidamente adormecida esperando que alguien (o algo) solucione todos esos temas que la televisión nos devuelve a modo de espejo…

Sebas Morelli Jaimez

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