Cuando tu mundo se desmorona

En las últimas semanas he sido confidente de temas personales de profunda pena para el alma. Ese lugar dónde no se sabe encontrar respuestas; dónde la tristeza inunda las emociones dando paso al sin sentido, a la frustración, a la desconfianza, a la desilusión. Ha sido en mi entorno pero también en un par de casos en el ámbito profesional. Mi trabajo tiene mucho de generar confianza pero, inexorablemente, de un enorme compromiso conmigo mismo y hacia las personas. Hablamos de Personas.

Hay un paso sencillo cuando estás ante alguien que se abre y te cuenta eso que le bloquea: escuchar. Hay que despojarse de uno mismo; blindar la mente de pensamientos que nada tengan que ver más que lo que tu interlocutor te está compartiendo. La escucha, desde el respeto, el silencio y la verdadera empatía, desemboca en certeras preguntas abiertas para que la otra persona se haga preguntas y sea consciente de sus palabras.

Aportarle a alguien implica ayudar al otro a que encuentre dentro de sí mismo el camino que, inicialmente, está plagado de emociones y sentimientos arremolinados que no permiten visualizar el verdadero sentido de lo que ocurre. En muchas ocasiones, la vida nos pone a prueba y nos “regala”, en ese preciso instante, una situación que, a modo de introspección, debemos saber asimilar.

Justo cuando estamos en el ojo del huracán no lo sabemos pero cuando el tiempo, amigo y enemigo de nuestros intereses, pase, podremos ver con más claridad respuestas a esa dramática vivencia que paraliza nuestras ganas de hacer, de volver a confiar, de volver a ser nosotros mismos.

No hay fórmulas mágicas. La vida nos golpea de vez en cuando. Ser autoconscientes de nuestras fortalezas y debilidades es capital para que la frustración y la depresión no se apoderen de nosotros. Hay que saber pedir ayuda. Hay que pasar a la acción por mucho dolor que tengamos. Hay que soportar sin dejar de avanzar. Cuando tu mundo se desmorona, la respuesta está en tu interior. La vida nos reta a cada momento.

De eso se trata vivir, de encontrar tu mejor versión ante la adversidad. Aún no lo sabes pero pronto saldrás fortalecida; con menos miedos; sin rencor, ni venganzas; respetándote más y con enormes ganas de aprender a seguir viviendo.

Sebas Morelli Jaimez

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2 Comments

  1. ¡Hola Sebas!

    Buenísimo el post y, desde mi punto de vista, acertadísimo.
    Creo que (casi) todos/as nos hemos visto envueltos en esos momentos donde, efectivamente, sentimos que nuestra vida se desmorona. También los hemos escuchado de otras personas,
    Coincido contigo, a veces, solo es una voz cálida, un oído silencioso y atento, una mirada de “siento de veras lo que te sucede”.
    Para esas preguntas sin repuesta, también estoy de acuerdo, el tiempo tiene la respuesta, a veces sigue siendo un “no lo sé”, pero el dolor, seguramente, se haya mitigado.
    Me encantó el post! Un abrazote!
    Ana

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    1. ¡Hola Ana! Gracias por tu palabras. A pesar que pueda parecer superficial, la actitud (tan sencilla pero compleja) de “escuchar” puede marcar la diferencia entre aportarle a la otra persona o que su mente siga dentro de un laberinto de dudas. Complicado tema, de todas formas. ¡Abrazote enorme! Sebas.

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