Los símbolos de la frustración

Mezclar temas no está bien visto. Siempre está la tentación de buscar la única verdad como salvación a los problemas cotidianos. El Tano Fazzini (periodista deportivo) tiene una frase lapidaria: “Se juega como se vive”. Argentina jugó (lo viene haciendo desde siempre) como se vive.

Maradona o Messi al margen; éxitos o fracasos al margen. La vida tiene éxitos y fracasos. Pero Argentina es ese extraño caso en el que una sociedad vuelca sus frustraciones diarias en un grupo de jugadores que son blanco de la ira (o alegría) más primitiva que pueda existir en el ser humano. No es nuevo esto.

Pero da igual. Siempre da igual. Se pasa del sueño a la frustración en un abrir y cerrar de ojos. Lo mismo a la inversa. Si esto lo exponemos a la masa, el resultado colectivo está a la vista.

Dios no es argentino. Amar a tu país, tu bandera, tu himno y/o cualquier símbolo que te haga abstraerte de tu rutina diaria no te va a ser “más” que nadie.

El fútbol, el cuál me entretiene y divierte, no nos debe hacer perder de vista que para lograr objetivos exitosos debe existir cohesión, compromiso, disciplina y un largo etcétera de argumentos para trabajar en equipo y lograr ese anhelado lugar que nos devuelva una imagen de orgullo y satisfacción de ese grupo que nos representa.

Hablamos de liderazgo personal; de autoconsciencia; de autoconocimiento. Sin ello no se puede construir.

Una sociedad que se mira demasiado al ombligo contradice el bienestar colectivo. Quizá, algún día, ese adolescente que se debate entre crecer, madurar y evolucionar o echar culpas a diestra y siniestra, comprenda cuál es el camino real del desarrollo.

Una selección de fútbol no es la respuesta. El orgullo de un país se escribe, día a día, en las calles, en la solidaridad y en la búsqueda del mejor estado de bienestar posible para todos y cada uno de sus ciudadanos. Cuando a una sociedad (en su conjunto) le va bien, lo percibe cada individuo. A la inversa, los resultados saltan a la vista.

Una selección de fútbol no es la respuesta. En el compromiso social quizá esté el horizonte de ese adolescente que, es deseable, crezca, madure y evolucione.

Sebas Morelli Jaimez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s