El ego y la motivación

La culpa de todo la tiene Zinedine Zidane. Cuando el ex entrenador del Real Madrid anunció el final de su ciclo en el club blanco, nadie podía presagiar cómo afectaría esto a la selección española de fútbol. Muchas de las decisiones que se toman en la vida (sean del orden que sean) tienen un germen muy alejado del foco final.

A partir de aquí podemos especular. La maquinaria del club de Chamartín comenzó a moverse. La planificación hacía que la decisión sobre el nuevo entrenador fuera inmediata. El resto ya es historia conocida de sobra. Florentino Pérez, Julen Lopetegui y Luis Rubiales como protagonistas, incómodos, en un momento incómodo. El mundial de fútbol estaba por comenzar con España como principal favorita. Una plantilla equilibrada que había logrado recuperar el de Asteasu.

Cuando hablamos de liderazgo hay tres factores iniciales que debemos comprender: las creencias limitantes, el saboteador y el ego. Estos tres conceptos primitivos del ser humano se hicieron presentes en esta historia que, en el fondo, tiene un aire a lucha de poder. El fútbol puede ser muy romántico pero es el segundo negocio más lucrativo del mundo.

No es tema de este artículo valorar a nuestros protagonistas. Me falta información y no sería serio ni profesional. Sí, tenemos resultados concretos y hábitos que se repiten: cuando un equipo que tiene un líder bien definido (Lopetegui) y éste, deja huérfano a sus dirigidos, la motivación cae en picado. Por lo que sabemos, era intención del entrenador continuar. Por lo que sabemos, no se le permitió.

Esta situación que hemos vivido con la selección no es ajena a otras que ocurren en las empresas u organismos. Más allá de intereses personales y/o profesionales, cuando el ego hace acto de presencia y no tenemos una buena gestión de nuestras emociones, podemos tomar las peores decisiones posibles; incluso para nuestros propios intereses.

Ello repercute en nuestro equipo de trabajo. Hoy, que está muy de moda hablar de liderazgo, debemos comprender que no se le puede poner ese título a cualquier persona. El liderazgo tiene como premisa la actuación en base a valores propios muy bien definidos; algo de lo que han carecido nuestros tres protagonistas.

Sebas Morelli Jaimez

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