Siente la distancia…

Lo que comenzó como una rabiosa necesidad de volver a unir sus cuerpos, acabó en la incertidumbre de un presente sin respuestas y un futuro que desean en común pero que la distancia se encarga de golpear en sus emociones contradictorias.

Son muchas las cargas personales como para patear el tablero y asumir enormes riesgos. En la superficie hay ganas. Lo que no se ve del iceberg, oculta miedos; lógicos miedos. Miedos que están en la mente. Aquí es donde nos damos cuenta de un mundo atado a un sinfín de creencias que nos limitan. A culturas que han tenido (y tienen) enormes toxicidades.

Como si de un templo del pensamiento se tratara, todo es un presente continuo encapsulado en ese santuario de saber que no se puede acceder al contacto físico con el otro pero que tampoco se quiere cortar el vínculo. ¿Juego histérico? ¿Masoquismo? ¿Miedos varios? Queremos buscar respuestas a todo lo que nos pasa y la vida, sabia en su naturaleza, nos muestra que no hay respuestas para todo.

Ellos, mientras tanto, siguen sin saber qué hacer. Quizá nunca lo sepan y deban resignarse a estar atados a un sentimiento que, en su interior, será secreto. Esos secretos que todos tenemos y que, por misterios del universo humano, nunca descubriremos ante los demás. Confesión amarga, triste y frustrada entre dos. Podría ser una historia de amor truncada. Podría ser tantas cosas…

Quizá, este presente continuo, alguna vez, sea pasado o futuro cierto y amable (o no). Mientras tanto, con toda la realidad a cuestas, siente la distancia…

Sebas Morelli Jaimez

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