La educación en la puerta fría

Muchas organizaciones siguen haciendo puerta fría o templada (cuando tu visita tiene aristas que hacen que sepas o conozcas qué consume -o no- tu interlocutor). Es una actividad comercial compleja y dura pero de  gran aprendizaje y donde podemos profundizar varios temas de cómo gestionarla.

En este artículo, corto y claro, me voy a centrar en algo que debería ser obvio y sencillo pero no siempre lo es: la educación. Cuando hago acompañamientos comerciales, sea a particulares o empresas, hay cuatro palabras o conceptos que no negocio: el saludo inicial (¡Buenos días, soy Diego de la empresa…!), pedir las cosas “por favor” y dar las “gracias”.

Por supuesto, el tono de voz tiene que ser seguro, convincente. El cliente (o potencial cliente si aún no nos ha comprado) también tiene que ver o intuir nuestra sonrisa. ¡Actitud positiva!

Los primeros cinco, siete segundos pueden marcar la diferencia entre que te abran una puerta o no. La educación hará el resto. Si no tenemos esto, lo complejo y duro de la puerta fría se puede convertir en un lastre incompatible con ser un profesional de la venta.

La educación en la puerta fría es una cuestión de trabajar tu marca personal.

Sebas Morelli Jaimez

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