Eterna interrogación

1932. Un mundo feliz. Aldous Huxley. Pocas novelas futuristas, si nos permitimos la licencia, están tan cerca de convertirse, en un futuro lejano, en una realidad que podría cambiar el concepto del ser humano tal cual lo hemos conocido hasta la fecha. Ficciones verdaderas al margen, ¿no estamos en la búsqueda de la felicidad constante?

¿Imaginaba, el escritor y filósofo británico, como su obra más famosa se convertiría en el presagio de un futuro incierto pero cada vez más orientado a un mundo tecnológicamente tan avanzado que pudiera cambiar la sociedad de forma radical? Fallecido en 1963, la respuesta quedará en eterna interrogación.

Releer este tipo de obras, invita a preguntarse si no nos estamos acercando lenta pero claramente hacia un futuro donde el sufrimiento (en general) quede desterrado de la memoria a cambio de perder libertades (¿nos tomamos en serio lo que está ocurriendo -y ocurrirá- con nuestra privacidad?) pero ganando una permanente felicidad. Seguramente, hoy por hoy, pensar en un escenario de estas características es osado y falto de realidad objetiva.

Con o sin fundamentos, en el imaginario colectivo, no son pocos quienes aventuran un futuro distópico. Con o sin fundamentos, “Un mundo feliz” sigue tan vigente como ese salvaje que, conociendo hacia donde ha ¿evolucionado? la sociedad, tiene nostalgia del “ser” humano.

Sebas Morelli Jaimez

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