Los últimos zares

Durante 304 años, la dinastía Románov, imperó en gran parte de lo que hoy conocemos como territorio ruso, hasta su caída con la temprana primera parte de la Revolución de 1917. Nicolás II, último zar de Rusia, abdicó (marzo de ese mismo año) en su nombre y en el de su hijo Alekséi. Su familia (esposa y cuatro hijas restantes), junto a cuatro miembros que les servían, fueron ejecutados, en la madruga del 16 al 17 de julio de 1918, en un sótano de la Casa Ipátiev (Ekaterimburgo). Estaban esperando a ser traslados para salvar sus vidas… o eso les hicieron creer.

Durante casi 23 años, su imperio, tuvo circunstancias muy peculiares. Clave es el momento en el que aparece la figura de Grigori Rasputín en la vida de la familia Románov. La descendencia estaba en juego, luego de cuatro hijas mujeres, y era necesario un varón para garantizarla. Alekséi nació con hemofilia y este místico hombre logró mejorar la calidad de vida del heredero. Durante los últimos años, la influencia de Rasputín, sobre todo en Alix de Hesse (esposa, de origen alemán, del zar), fue notable. Este hombre tenía un enorme ego, sabía ser un buen confidente, era manipulador y con un apetito sexual notorio, llegó a influir en la toma de decisiones del matrimonio imperial: le debían la salud de su hijo.

Nicolás II gobernó bajo una autocracia y con una enorme falta de liderazgo. Siempre estuvo presente la figura de su padre al que le faltó tiempo para educarlo en el arte de la tradición imperial.

La enorme cantidad de decisiones mal encaminadas nos habla de un personaje con baja autoestima, dubitativo para los momentos cruciales y con raptos emocionales por la firmeza de quienes estaban en su entorno. ¿Veían éstos las debilidades del último zar?

Cuando hablamos de liderazgo, hoy por hoy, comprendemos la importancia que tiene la base en valores. Por aquel entonces, se heredaba el trono y nada más. Sería impensable en nuestros tiempos una situación similar y, sin embargo, en nuestras organizaciones, observamos como se toman decisiones con ciertas similitudes para la continuidad de un modelo enquistado. Vivimos una época compleja pero rica en oportunidades y la inteligencia emocional nos muestra cómo otras formas de gestión son posibles.

Un líder no hereda. Un líder se hace; con características enseñadas y adquiridas. La historia de los últimos zares es más que interesante para conocer qué ocurre (sabiendo analizar el contexto) cuando un hombre recibe un gran poder y, en un determinado momento de la historia (el que le toca vivir), no está a la altura de las circunstancias. No todo el que tiene poder es líder.

Sebas Morelli Jaimez

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