El virus y las personas

“Y muchos se han imaginado repúblicas y principados que nunca se han visto ni se ha sabido que existieran realmente; porque hay tanta diferencia de cómo se vive a cómo se debe vivir, que quien deja lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende más bien su ruina que su salvación: porque un hombre que quiera en todo hacer profesión de bueno fracasará necesariamente entre tantos que no lo son. De donde le es necesario al príncipe que quiera seguir siéndolo aprender a poder no ser bueno y utilizar o no este conocimiento según lo necesite”. Nicolás Maquiavelo, nos cuenta cuáles deben ser el comportamiento y gobierno de un príncipe con súbditos y amigos, en el capítulo 15, de “El Príncipe”.

Si consideramos que la primera publicación de esta obra fue en 1532, 488 años después, sigue viva en muchos estados perpetuados por gobernantes preocupados por su propio ombligo, la idea que concebiera el politólogo italiano: la relación del hombre con el poder. Seguramente Maquiavelo estuvo influenciado por la época que le tocó vivir pero su tratado es un texto cargado de observación de los acontecimientos que extraen una lección política. Con los años se hizo famoso el concepto de “lo maquiavélico” para poner de relieve que el fin justifica los medios. El fin, no siempre justifica los medios.

Un Estado contempla lo macro. Llegar a lo micro se antoja utópico. La burocracia insultante de un Estado llega demasiado tarde a las personas que necesitan respuestas inmediatas: empleados, autónomos, pymes… El virus y las personas.

Los responsables de un gobierno en particular (el que sea) hace tiempo perdieron el sentido de “servicio público”, de honesta responsabilidad. Quienes lo tienen, su voz y sus acciones, no llegan donde deberían. Y en esas estamos cuando un coronavirus nos visita y nos muestra de golpe, sin anestesia, lo vulnerable que somos. Lo desprotegidos que estamos. El virus y las personas.

Y, entonces, te llama un amigo que la semana anterior había perdido su puesto de trabajo y no sabe si cobrará la indemnización. Este sábado se le ha muerto (por el coronavirus) uno de sus mejores amigos de toda la vida, un hermano de vida. No hay consuelo; no hay palabras. Sólo escucharlo y empatizar (si es que se puede, que confieso que no) con sus lágrimas. El virus y las personas.

Si de Maquiavelo concluimos que el fin no siempre justifica los medios, la insultante burocracia de nuestro sistema y sus gobernantes de mediocridad notoria (la UE reconoce que ha tardado en darse cuenta de la crisis), cuando observas derrumbada a una persona de tu entorno (un amigo), sabes que de la única manera que podemos salir de esto es con más humanidad, no tienes dudas de que el paradigma en el que vivimos, o cambia (es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros) o volveremos a más de lo mismo.

Sebas Morelli Jaimez

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