El hombre sabio y la crisis

Cuando tengo que hacer una formación de Gestión del Cambio, uno de los temas que introduzco es la brecha generacional que, desde un largo tiempo a esta parte, se vive en las empresas. No es que nunca hubiera existido esta situación pero con el avance de las nuevas tecnologías (sobre todo) se ha hecho más notoria. Hoy, vivimos más tiempo y muchos jóvenes entran antes en el mercado de trabajo. Evidentemente, en la gestión del cambio, caben otros factores a tratar pero me quiero detener en lo que afecta, dentro de un equipo de trabajo, la edad de las personas.

Siempre se habla de que los años y la experiencia son un grado y, ello, conlleva una retribución más alta en detrimento del personal novel que, hasta que demuestre su valía, está sujeto a una retribución más baja. Seguro que hay más matices que introducir pero, más o menos, así funcionamos. Todos sabemos como, crisis mediante, el sistema ha ido expulsando y/o complicando la reinserción de las personas mayores de 45 años, por poner una media del mercado. Hasta aquí, nada nuevo.

Y de pronto, la aparición de un virus, pone todo patas para arriba y nos obliga a adaptarnos a una nueva realidad. ¿Cuánto durará? ¿Saldremos igual que como entramos? Nadie lo sabe. He visto muchos webinars y estoy leyendo a muchos especialistas (de muy diversos intelectos), en estos casi dos meses y, más allá de maquillar la realidad, nadie sabe cómo vamos a salir. Sólo médicos expertos y epidemiólogos aportan luz, aunque reconocen la complejidad de esta pandemia. Existe una carrera contra reloj para encontrar una vacuna o medicamento que minimice los daños.

Podemos conjeturar cientos de teorías pero el gran esfuerzo, del día a día, lo tendremos que hacer las personas (sobre todo las económicamente activas). Hay cosas que son obvias y que a nadie se nos escapa: esta habiendo (y habrá) una mayor y más acelerada transformación digital (a la hora de invertir, ¿habrá diversas velocidades en el ámbito empresarial todo?) y una apuesta por las personas que, de no ser así, podemos llegar a tener una crisis social de compleja solución a medida que pasen los años. Hablamos del medio y largo plazo. Debe haber una colaboración muy profunda entre lo público y lo privado. Nos jugamos demasiado; económica y socialmente. Dicho esto, insisto, la clave somos las personas y nuestra libertad para decidir y actuar.

Detrás de todo esto hay una palabra que nuclea al vínculo generacional: miedo. Por diversos motivos, no hay una clara apuesta por el capital humano que posee sobrada experiencia. Como en todos los ámbitos, hay gente con más o menos actitud. Las nuevas generaciones comprenden que trabajar con un “senior” debe ser un aliciente para coger mucha información de cómo hacer las cosas de forma más eficaz. Las viejas generaciones comprenden que trabajar con una persona joven aporta frescura, nuevas formas, energías e ilusión. ¿Todos? No. Por eso hablaba de actitud.

Nadie tiene una solución para acabar con el virus y los desafíos económicos, sociales y laborales son (y serán) enormes. Está muy bien que la búsqueda, detección y atracción del talento sean claves en una organización por pequeña que sea pero no puede estar limitada a la edad y a “estar presente” en el lugar de trabajo. Gracias a la tecnología podemos evolucionar y mejorar el teletrabajo. Por cierto, lo que se hace hoy en día, no es teletrabajo. No como debe ser. No olvidemos que estamos en una situación excepcional.

Tenemos suficientes mujeres y hombres especializados en diversas áreas para aportar en estos tiempos duros. Fusionar las ideas nuevas con la sabia vieja debe ser una prioridad para que los departamentos de Recursos Humanos y/o Personal, comiencen a desarrollar estrategias y las presenten en los comités de dirección. Es hora de asumir riesgos, compromiso e implicación de estas áreas (¡muchísimos profesionales aún no se lo creen!) para, de una vez por todas, ser más protagonistas en la orientación a las personas que estamos reclamando desde siempre. Una persona con real sentido de pertenencia será, de forma natural, productiva y proactiva. Eso sí, el compromiso debe ser de ida y vuelta. He sido testigo de muchos casos en los que, a personas de cierta edad, les falta actitud y humildad. Todos debemos aportar.

Tomo prestadas unas líneas del artículo de Fernando Savater (Posguerra) en El País, de este pasado fin de semana, y le doy una pequeña vuelta (y lo descontextualizo) para recordarnos que no “debemos acunarnos en la esperanza, porque son solo ganas de descansar”. Debemos ser más protagonistas que nunca y pasar a la acción sin permitirnos la autocomplacencia de por cómo está la situación…

Hoy, como nunca, las voces de la experiencia pueden aportar sobrada sabiduría y lo más inteligente, desde el punto de vista empresarial, será rodearse de quienes estén orientados a las personas y a resultados. Estoy convencido que miles de mujeres y hombres de más de 45 años (dentro y fuera de las organizaciones), sabrán aceptar este gigantesco reto al que nos enfrentamos. Un equilibrio complejo y delicado que exige un liderazgo individual basado en valores.

El hombre sabio y la crisis. ¿Nos tomaremos este tema con la suficiente seriedad y responsabilidad? De ello va a depender, también, una rápida salida a la crisis y a una mejor calidad de vida.

Sebas Morelli Jaimez

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