La senda de la esperanza

Batalla del Atlántico Norte. Febrero de 1942. La marina de la Alemania nazi tiene desplegada gran parte de su armada de sumergibles y submarinos en la zona. Objetivo: hundir la flota mercante estadounidense (37 barcos y un destructor más dos británicos) que suministraba material de guerra al Reino Unido.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Alemania tenía 57 sumergibles. Casi seis años después, contaban con 1.113, independientemente de las bajas que fueron causando por diversas situaciones. Según las estadísticas, durante el año que nos compete, los alemanes perdieron 87 unidades. Hasta bien entrado el tercer año de la guerra contaban con la ventaja de la falta de radares para ser descubiertos.

El pasado 10 de julio, Apple TV estrenó “Greyhound”. Basada en la novela El Buen Pastor (The Good Shepherd – 1955) de Cecil Scott Forester, el director estadounidense Aaron Schneider, ha llevado a la pantalla esta película protagonizada, de forma soberbia, por Tom Hanks en el papel del Comandante Ernest Krause como responsable del destructor USS Keeling (Greyhound, su nombre en código) y de llevar, a toda la flota, a Liverpool. Durante varios días, la totalidad de los buques carecieron de escolta aérea, debido a la enorme zona que debían cubrir. Mientras tanto, estuvieron a merced de los U-Boote (plural de las “naves submarinas” alemanas) en una zona conocida como el “Agujero Negro”.

Ante el primer aviso de submarinos enemigos, Krause, toma el mando y lidera la movilización. La entrada en acción es inminente; el conflicto se percibe pero no se ve. La técnica del Comandante es impecable. ¿Alcanzará cuando todo huele a caos en aguas turbulentas? Ante el primer hundimiento de un submarino nazi, el Capitán, lanza un mensaje a todo el barco: “Parece que hemos hundido un objetivo. Ha sido un trabajo de equipo. Bien hecho”. Pero el enemigo no da tregua.

Cuando todos festejan, nuestro líder sigue pendiente del objetivo. Mientras todos están paralizados, nuestro líder toma decisiones, delega cuando los objetivos son muchos, “siente” la baja de uno de sus barcos y su tripulación y no esconde su mirada de frustración ante sus hombres. El enemigo sigue sin dar tregua…

Más de 3.500 barcos se hundieron, durante la batalla del Atlántico, con millones de toneladas de cargamento. Más de 70.200 hombres perdieron la vida. Los daños y las pérdidas humanas son inevitables. El respeto y honor a los caídos no puede ni debe quedar en el olvido de la inmediatez. La envergadura de esta crisis requiere un liderazgo sin titubeos. Hombres que tomen decisiones, sabiendo que serán duras y afectarán al colectivo. Nuestra historia está llena de almas que perecen en el camino pero también de personas que nos enseñan la senda de la esperanza.

Sebas Morelli Jaimez

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