Nicolás Bernardo de Maquiavelo (Florencia, Italia. 1469-1527) escribió, en 1513, el que está considerado como el primer tratado político de la historia. No sería hasta 1532, cinco años después de su muerte, que se publicara El Príncipe. Este escritor y diplomático nos revela en el capítulo III (De los principados mixtos): “…el que ayuda a otro a hacerse poderoso provoca su propia ruina”. Esto, en referencia al desastre de Francia en Italia y como le aportó experiencia al Papa y a España por aquellas épocas.

Estela Díaz Anderson, una científica de prestigio internacional, descubre, como consecuencia de un atentado, que el proyecto para el que lleva años trabajando va a ser utilizado en contra de la humanidad. Lola Herrera (Valladolid, 1935), a sus 88 años, desborda el escenario del Teatro Reina Victoria (Madrid) con una actuación sencillamente potente; sobria y convincente. El eterno debate humano entre lo ético y la forma en la que evolucionamos con la inteligencia artificial como núcleo de debate.

¿Estamos ayudando a estas nuevas tecnologías a hacerse más poderosas provocando nuestra propia ruina? Eva Landau, reconocida periodista y escritora, está detrás de esta historia para darla a conocer al mundo entero. Ana Labordeta (Zaragoza, 1965) se pone en la piel de esta inquieta profesional que busca la verdad y complementa una actuación sólida junto a la doctora Soler (Lola Baldrich. Toledo, 1967), jefa del departamento de psiquiatría de un hospital avanzado donde la científica se recupera.

“Contempló el enorme rostro. Le había costado cuarenta años saber qué clase de sonrisa era aquella oculta bajo el bigote negro. ¡Qué cruel e inútil incomprensión! ¡Qué tozudez la suya exilándose a sí mismo de aquel corazón amante! Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano”. Winston Smith, de rebelde a dominado.

En 1949, George Orwell (seudónimo de Eric Arthur Blair. Motihari, 1903 – Londres, 1950), publicó una de las novelas (denominada ficción distópica) más populares de todos los tiempos: 1984. No fue la única ni la primera pero sí la más conocida y de donde el concepto de sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información y existe un férreo control de vigilancia y represión del Gran Hermano en contra de una sociedad libre y abierta, nos alerta sobre nuestra propia ruina.

Adictos es una obra, dirigida por Magüi Mira (Valencia, 1944), que bucea por océanos de imperceptibles corrientes que disfrazan las verdades en mentiras y éstas en verdades. Los textos de Daniel Dicenta Herrera y Juanma Gómez nos recuerdan como, desde los tiempos de los tiempos, el ser humano, desde que adquiere consciencia, libra una batalla entre la ética y los valores y el poder (desde dónde sea y cómo sea) de la manipulación y la desinformación de un sistema presente pero “invisible”.

La tentación de jugar a ser dioses está oculta en lo más profundo del alma humana. No hay que buscar en las “malvadas” y grandes corporaciones ni en cualquiera de los Estados que podamos poner como ejemplo (que los hay y demasiados). En nuestro día a día todos conocemos u observamos, en un trabajo, en lo social o en un ámbito familiar como, todos, podemos ser adictos a un sistema. En el horizonte, subyace otra gran contradicción y complejidad del ser humano: la libertad individual vs. la dependencia.

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