Conocer, con 18 años, a Charlie Parker y Dizzy Gillespie, debe ser una experiencia alucinante y desbordante de creatividad. El jazz ha ido evolucionando durante todo el siglo XX y, él, formaría parte de una de las varias revoluciones que experimentó el género. Este 2023, se cumplen 53 años (¿acaso hay que celebrar siempre fechas redondas?) del lanzamiento de “Bitches Brew”, un álbum de compleja fusión entre el jazz y el rock. Para Miles Davis, la complejidad, estuvo incluida en su ADN.

Cuando rompes lo establecido según era tu conducta, indefectiblemente, ganas enemigos y nuevos adeptos. Con este álbum, editado en 1970, no habría excepción. La arrolladora personalidad del trompetista estadounidense lo llevó a experimentar nuevos sonidos. Ya había disfrutado de las mieles del éxito con una obra histórica, monumental y de referencia como es “Kind of Blue” (1959) pero no era suficiente. Antes había sido “Birth of the Cool” (1949/1950), donde bautizó lo que denominó como cool jazz.

Trasladar su enorme figura al mundo empresarial es tan sencillo como difícil. En un escenario que cambia (tecnológicamente) a velocidad de vértigo y que cada vez se piden más títulos académicos y actualizaciones de cursos para según que áreas o modelos de negocio, Davis nos recuerda que unos sólidos conocimientos técnicos (la trompeta, por caso) son indispensables pero que la creatividad, para reinventarse, lo es todo. ¿Permitimos espacios de creatividad o de pensamiento crítico?

Cuando hablamos del desarrollo digital en las diversas áreas de trabajo de una organización (sea del tamaño que sea), ¿pensamos seriamente en que, quiénes van a ejecutar esos cambios, son personas? ¿Apostamos por el desarrollo real y sostenido en el tiempo de ellas? ¿Entendemos que no hay evolución (¡ni revolución!) sin las personas? Trabajar y estimular las motivaciones que se encuentran muy dentro nuestro, es clave para comprender cómo funciona la compleja creatividad.

En una entrevista a Herbie Hancock (otro tótem del jazz y sus derivados), comentaba sobre un concierto con Miles Davis y como, mientras tocaban “So What” (Tony Williams, Ron Carter y Wayne Shorter, acompañaban -nada menos- en esta banda), en una más que inspirada noche, Herbie toca un acorde incorrecto. “Un acorde que además sonaba completamente erróneo. Sonó como un gran fallo”, recuerda para continuar: “Miles paró un segundo… y entonces tocó unas notas que hicieron mi acorde el correcto”.

Con el paso del tiempo, Hancock, lo contempla como que Davis no lo oyó como un error. Lo oyó como algo que pasaba, como una parte de la realidad que estaba sucediendo en ese momento y que se las arregló para que, dentro de su responsabilidad, encajara con toda la pieza musical y darle un sentido. ¿Cuán abierta es nuestra mente para aceptar situaciones que no podemos controlar y, así y todo, comprender qué es lo que nos ayuda a crecer como personas?

“Transformar el veneno en medicina”, según Herbie Hancock. En el ámbito profesional, ¿creamos espacios para la creatividad? ¿Permitimos el error? ¿Comprendemos qué necesitamos para hacer crecer a las personas? ¿Ayudamos a que eso ocurra? ¿Transformamos los problemas en soluciones, en vez de generar más o “colaborar” para que se magnifiquen? Son preguntas cerradas pero que pretenden abrir a la reflexión para que la creatividad nos guíe hacia romper con la compleja rutina.

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