¿Cuándo fue la última vez que te comprometiste con algo o con alguien? ¿Recuerdas cuáles fueron tus emociones iniciales que luego se transformaron en sentimientos de pertenencia? ¿Cómo crees que se logran relaciones sólidas y duraderas con tus colaboradores y/o con tus clientes? Sea interno o externo, el compromiso y las emociones son dos conceptos que, practicados de forma honesta, tienen un alto impacto en la mente de las personas con las que nos vinculamos.

Generalmente, cuando hablamos de compromiso, sea en el ámbito que sea, es necesario conocer primero cuáles son los valores que una persona, un producto o un servicio posee. Esos valores están precedidos de unas necesidades. ¿Y cómo conozco las necesidades de mi cliente? Hay una palabra que lo define claramente: confianza. Cuando logramos generar confianza en nuestros clientes, la apertura hacia conocer más sobre lo que no se dice o cuenta, nos permite comprender sus decisiones.

Entonces, para establecer lazos estables y a largo plazo, la confianza y el compromiso son factores incuestionables. Si el cliente confianza en mí, creerá. A partir de esa creencia, nace el compromiso. Juntos trabajaremos para el máximo beneficio. ¿Y todo esto alcanza? No. También debe haber implicación por nuestra parte a la hora de comprender su modelo de negocio y cómo va evolucionando. En un mundo tan complejo, la visión de hace seis meses, puede cambiar. Hay que estar muy atentos.

Un trato especial, una atención diferencial o plantearle un proyecto verosímil son ingredientes que siempre agradecerá. Para conocer las necesidades de mi interlocutor tengo que bajar a los detalles. ¿Realmente práctico la escucha activa? Debo preocuparme por eso que me cuenta. Es importante eliminar cualquier “filtro” que esté impidiendo mi atención plena con el cliente. “Estar” con mi interlocutor y no pensar en lo que haré el fin de semana o esa misma tarde. Cada palabra que me cuenta aporta.

Saber observar nos da también mucha información. Hay que estar atentos a la comunicación no verbal. Cada gesto. Cada movimiento de las manos; de la mirada. Todo comunica. Cuando logramos “observar” esta información, podemos entender mejor los hábitos de conducta y de compra. ¿Qué miedos o dudas existen a la hora de tomar decisiones? ¿Va a asumir un riesgo importante? Todo lo explicado hasta ahora nos puede llevar a leer la entrelínea de lo que se nos quiere expresar.

A partir de aquí, empatizar es clave para fortalecer esa confianza que nos llevará al compromiso. Si comprendo sus emociones, cómo se siente, sabré cómo vincularme. La empatía genera sinergias a la hora de actuar. Todos estos conceptos deben llevarnos a que nuestro cliente desee siempre nuestro producto o servicio y que se mantenga lo más fiel posible en un entorno complejo y cambiante. Tanto en el mundo real como en el virtual, compromiso y emociones. Inteligencia emocional y buenas prácticas.

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