A – Un día, alguien tendrá que pensar, en cualquiera de nuestras empresas, una pregunta (a modo de encuesta o como mejor se pueda plantear y llegando a todos los niveles organizacionales) que podría parecer inocente o insignificante: ¿Me siento seguro para decir lo que pienso en mi trabajo? Decir lo que pienso no es decir “mi verdad”; es, desde la responsabilidad, exponer mis ideas, criterios y/o pensamientos sin temor y con libertad de expresión. ¿Ciencia ficción? Seguridad psicológica.

2 – Si hay que plantearse esta pregunta y responderla es porque no hay, desde la más alta dirección, una cultura de seguridad psicológica. En una formación reciente con varios grupos y de dos sesiones cada uno, ante una dinámica con cartulinas que hice con los participantes, en el segundo grupo (cuando repliqué dicha dinámica), una persona me preguntó si era confidencial. Le respondí que sí y que los equipos, era deseable, trabajaran los puntos de mejora. Me respondió que la persona responsable del departamento (del que la mayoría estaba ahí), había preguntado y visto dichas cartulinas del primer grupo. “¿Cómo nos podemos sentir seguros de expresarnos libremente?”, me dijo. Fin.

C – Insisto en algo que debe ser fundamental en la forma de expresarnos: cómo lo hacemos. Plantear, ante un tema en el que no estoy de acuerdo, mi postura sin más; sin empatía, ni asertividad, demuestra una falta de madurez personal que me invalida para que, mi opinión, sea tenida en cuenta. Si mi respuesta va en la senda de imponer mi verdad, no convenzo ni persuado a nadie. Primera lección, aunque obvia, ¿defiendo mi criterio con fundamento, con pensamiento crítico y con apertura mental?

4 – Define la R.A.E., vulnerable: “Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente”. ¿En cuántas reuniones nos autocensuramos? ¿Miedo a responder de forma incorrecta? ¿Miedo a pensar que los demás vean que no sé sobre algo? ¿Síndrome del impostor? ¿Miedo a expresar mis sentimientos? ¿Qué ocurre si manifiesto algo en contrario del resto o de quien gestiona la reunión o el proyecto de trabajo? ¿Me permito señalar un error? La autocomplacencia se impone.

E – Una cultura de seguridad psicológica, ¿se puede imponer? No. Sobre todo en este tema de un profundo calado social, pedirle a los trabajadores que, a partir de mañana, se va a permitir “la libertad de expresión” (cuando no la había), suena a improvisado y no creíble. Cuestionar a la autoridad debería ser un ejercicio sano, natural, falto de envidias, miradas torcidas o cualquier signo de vulnerabilidad. En general, socialmente hablando, no tenemos esta cultura. ¿La buena noticia? Se pueden modificar hábitos.

6 – Mi criterio es que, antes de nada, debe ser la misma cúpula directiva (sea la empresa del tamaño que sea), la que asuma, con madurez, este cambio de hábitos. Mirarse al espejo y, más allá de unos objetivos a cumplir y beneficios a obtener, ¿qué modelo de gestión de personas quiere? Formar para el liderazgo es una cuestión urgente. Es una labor de largo recorrido pero que empieza hoy. Liderar no lidera cualquiera. Uno puede hacer todo lo que esté a su alcance para querer liderar pero, es la gente, quien elige.

G – ¿Etiqueto o me focalizo en desarrollar personas? ¿Valoro a un trabajador por sus títulos (necesarios para según que funciones técnicas, qué duda cabe) o por su potencial de crecimiento? ¿Cuánto me preocupo por conocer a mi equipo? Esto lo he escrito en un sinfín de artículos pero, nunca es suficiente, cuando se trata de comprender la motivación intrínseca de cada empleado. ¿En serio no tengo 15 minutos a la semana para saber cómo está cada una de las personas de mi equipo?

8 – El pensamiento crítico y la libertad de expresión derivan en la lealtad honesta. El consenso “no impuesto” (un consenso “rutinario” puede ser una imposición implícita) permite que los desacuerdos, los debates y las discusiones sean pacíficas. ¿Roces habrá? Por supuesto. El conflicto cero no existe. Desafiar el statu quo debe ser una señal inequívoca de libertad de expresión. El líder debe promoverlo y gestionar personas, en el constante camino evolutivo, aportando dicha seguridad psicológica.

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