«El miedo lleva a borrarse, a no ser nadie, a refugiarse en el rebaño meramente presente, con renuncia a la biografía personal. Estamos ante el grave riesgo de que el hombre dimita de su condición personal».

Julián Marías (filósofo y ensayista español)

Antes de ser técnico o especialista en algo, fuiste una persona. Antes de llegar a amar tu trabajo, fuiste persona. Antes de tener el trabajo que tienes y que no es el que quieres, fuiste persona. Antes de llegar a llegar a tener ese puesto jerárquico que hace que te sientas orgullosa, fuiste persona. Da lo mismo que seas mujer, hombre, negro, blanco, chino, americana, alta o gordo. Eres persona. Estamos librando una gran batalla (siempre ha sido así) entre lo que queremos ser y lo que debemos ser. Major Lance (cantante de R&B estadounidense) le digo a Elton John (aún era Reginald Kenneth Dwight) en sus inicios: “Tienes que matar a la persona que ibas a ser y convertirte en la persona que quieres ser”

Y, sin embargo, vivimos cegados por los espejitos de colores en formato digital. Como nunca somos muy conscientes de la vida que cada uno de nosotros lleva y como nunca es amplia la lista de excusas que nos ponemos para no ser la persona que queremos ser. Como si de una conspiración interplanetaria, amorfa, secreta y oscura se tratara, nos entregamos al sueño de las formas distorsionadas que nos creamos a nosotros mismos para, como nos contara Joseph Campbell, no realizar el viaje del héroe que, cada uno de nosotros, tenemos que cumplir; pero no para hacer marketing sobre el producto en el que nos estamos convirtiendo. Campbell no lo pensó así. El viaje del héroe nos habla de la libertad de vivir; de comprender lo impermanente de nuestra existencia y nos reconcilia con la consciencia individual que tiene, a su vez, una voluntad universal: vivir el presente.

Nos identificamos con mitos (el que cada uno elija) para vivir otra vida porque no soportamos la nuestra. Internamente cada uno está librando una batalla que es suya e intransferible en un mundo que no escucha y que nos aboca a un silencio estruendoso de miles de almas que caminan con una brújula que, hace tiempo, perdió el norte. Hay mucha resignación ahí fuera. Estamos viviendo una de las mayores épocas de prosperidad mundial y no la aprovechamos de forma individual para hacer el bien universal. Salir de uno mismo. Cuidarse, mimarse, sí; egoísmo, no.

En el mundo de la formación y/o consultoría, manejamos mucho el concepto de trabajar las preguntas abiertas y las cerradas. En el coaching se habla de preguntas poderosas o de reflexión. Quienes llevamos casi toda una vida en el mundo comercial hemos aprendido lo que implica trabajar las preguntas correctas para los pre cierres de una venta. Otra vez: preguntas abiertas y/o preguntas cerradas; potentes y/o de reflexión. Es clave mirar al cliente a los ojos para, siendo honestos entre las partes, formular esa incómoda pregunta que nos llevará a desestimar una posibilidad que nunca fue tal o para firmar, por fin, ese contrato. ¡Cuántos miedos existen! En ambos lados… Pero quiénes preguntan, cuestionan, sacan a pasar su curiosidad, generalmente, encuentran respuestas que abren puertas hacia el estado deseado.

Entonces, ante tanta digitalización, tanto cargo jerárquico huérfano de sentido, tanta pose social, ¿realmente vivimos la vida que queremos vivir? ¿Qué es lo que quieres que pase? Detrás de cada profesional (sea el ámbito o puesto que sea), hay una persona. ¿Cómo puedes ayudarte? ¿Cómo puedes ayudar? Cuando quieres algo de verdad, tu esfuerzo, termina recompensándote. El resto, como bien ya sabes, son excusas.

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