Hay verdades que incomodan. No mi verdad. La que estamos observando día a día y no queremos ver. De un tiempo a esta parte, los lugares, sobre todo profesionales, que suelo frecuentar, comienzan a tener aspectos de dejadez. Me consta la falta de presupuesto que acusan muchos municipios y eso se nota directamente en la limpieza y mantenimiento de las calles y el mobiliario urbano. No digo que esté generalizado pero si agudizamos la vista, se nota un deterioro importante.

Desde que en 2007/2008 comenzara la crisis del sector inmobiliario, “nuestro mundo occidental” se está encaminando a una lenta pero inexorable pobreza de la que poco se transmite en los medios de comunicación. La superficialidad lo inunda todo pero pequeñas crisis encadenadas, la pandemia, dos guerras abiertas, los altos tipos de intereses, la inflación persistente y una, cada vez más, pésima clase política dirigencial (entre otras tantas más cosas), están llevando nuestra calidad de vida a mínimos.

¿Suena fuerte hablar de decadencia? En absoluto. Sobre todo porque existe una crisis de valores muy potente. Alguien que lee esto podrá pensar que no le ha llegado o no lo vive así pero, la realidad de la calle, es palpable. En el mundo comercial tenemos que estar al día de datos macro y micro y, más allá de estos, se percibe como hay productos o servicios que ya nos muestran una merma en la calidad de la presentación en varios aspectos. Sobre todo la inflación está haciendo mucho daño.

Estamos entretenidos (cada país con sus miserias internas) en temas que no son de urgente trato pero nos hacen ver que sí. Mientras tanto el poder adquisitivo de la gente disminuye mes tras mes por el efecto pernicioso de la inflación: nominalmente puedes cobrar lo mismo pero tu nivel de compra ha disminuido. El Índice de Precios al Consumo (acumulado) desde diciembre de 2020 a diciembre de 2023 es del 16,1 %, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dinero vale menos. Tu bolsillo lo sabe.

Si vamos a la Real Academia Española, nos aporta los siguientes sinónimos de decadencia: decaimiento, declive, ocaso, caída, descenso, retroceso, degeneración, disminución, deterioro o debilitación. Si alguien, a estas alturas, piensa que es muy fuerte hablar de decadencia, ahí está nuestro diccionario para no mirar hacia otro lado. Tres antónimos: auge, apogeo y esplendor. El problema es que la decadencia es lenta, casi invisible mientras actúa y, cuando te quieres dar cuenta, no sabes cómo llegó.

Y como decadencia viene de decaer, volvemos a la R.A.E., en su primera acepción: “Dicho de una persona o de una cosa: ir a menos, perder alguna parte de las condiciones o propiedades que constituían su fuerza, bondad, importancia o valor”. En la vida comercial esto se viene viendo desde hace algunos años. Hay temas que, socialmente, no son simpáticos de tratar pero el deterioro de la calidad en ciertos productos o servicios, se nota u observa, por ejemplo, en la restauración.

La intromisión, intrusión o injerencia de los Estados están llevando nuestras vidas por un camino nada deseable. Depender de papá Estado, ahí está la historia de América Latina por ejemplo, nunca es un buen negocio para los ciudadanos de a pie. Quienes llevamos casi toda una vida en el mundo comercial (pateando las calles), lo contemplamos no sólo en los comentarios de nuestros clientes sobre cómo ha ido empeorando cada situación. Saber observar dice mucho más que las palabras.

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