«Tratar de ser el mejor. Estoy de acuerdo, en todo pero nunca creerse el mejor». Juan Manuel Fangio fue cinco veces campeón del mundo en Fórmula 1 (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957) con cuatro escuderías distintas: Alfa Romeo, Maserati, Mercedes y Ferrari. Nació en Balcarse, provincia de Buenos Aires (Argentina), el 24 de junio de 1911 y falleció, en la capital de su país natal, el 17 de julio de 1995. Si bien la evolución mecánica ha sido brutal en los 70 años de la categoría reina del automovilismo, por diversos factores, está considerado el mejor piloto de todos los tiempos.

«El Chueco», prácticamente, no tuvo estudios. Los abandonó a muy temprana edad para dedicarse al automovilismo. Suplió lo académico por tratar de comprender cómo funcionaba el motor de un vehículo de competición. Tuvo la cualidad (como otros grandes campeones) de trabajar muy cerca de su equipo y motivarlos. Ellos formaban parte de su vida cotidiana. Se sentía fuerte; hacía lo que le apasionaba. Fue un piloto con gran fortaleza mental; tanto que escuchaba a los demás lo que decían de él y aceptaba con amabilidad los comentarios. Era su forma de hacer una introspección para la mejora constante.

A muchas de estas características las llamamos, hoy en día, competencias. Fangio tuvo predisposición para adecuarse a situaciones nuevas o cambiantes, reaccionar positivamente y aceptar, entender o introducir nuevos puntos de vista cuando la situación lo precisó (Adaptación y flexibilidad ante los cambios). Fangio tuvo motivación y capacidad por y para asimilar rápidamente conceptos, ideas y experiencias dándole un carácter personal a lo aprendido (Autoaprendizaje). Fangio tuvo capacidad para expresar sus ideas de forma clara y convincente, de manera que su mensaje pudo ser entendido con claridad (Comunicación oral). Fangio tuvo aptitud para buscar nuevas oportunidades y aceptar nuevos retos o tareas (Disponibilidad). Fangio tuvo capacidad para dominar las emociones y afectos ante situaciones y condiciones difíciles, adoptando firmeza y confianza en sus propias potencialidades y evitando reacciones emocionales negativas (Dominio de uno mismo / Autoafirmación). Fangio tuvo motivación para alcanzar y superar los resultados previstos, fijando metas exigentes, gestionando los recursos y atendiendo a la calidad y los beneficios (Orientación a resultados). Fangio tuvo disposición favorable para pensar y trabajar de forma colectiva. Colaborar e integrarse dentro de un grupo de trabajo de forma activa y receptiva dirigiendo sus esfuerzos para trabajar con otros hacia la consecución de metas comunes (Trabajo en equipo).

La época en la que Fangio compitió dista mucho de los tiempos actuales. Los desplazamientos, las medidas de seguridad, la preparación, la mecánica o las ventajas de las comodidades son un claro ejemplo de que, ante las adversidades, la actitud, la autoestima, la fortaleza mental, el autoconocimiento, la pasión y la superación, son los motores internos que nos llevan a transitar, gestionar y evolucionar cualquier situación por dramática que sea. Es bueno recordarlo (y practicarlo) en esta era de pandemia donde, ante la gravedad imperante, muchas personas desesperarán y otras sabrán adaptarse a las circunstancias y encontrarán una nueva versión de sí mismas para seguir evolucionando.

¿Desesperar o evolucionar? Fangio tuvo capacidad para influir y guiar las acciones de un individuo (¡él mismo!) y de un grupo hacia la consecución de una visión común y compartida, obteniendo el apoyo y compromiso hacia el logro de metas significativas (Liderazgo personal). En tu interior está tu respuesta; personal (por supuesto) e intransferible. Liderarse para liderar.

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