El primer oficial Jeff Skiles, ante la pregunta de un miembro del jurado de investigación, sobre si le gustaría añadir algo con respecto a si habría hecho las cosas de otra forma o si tuviera que volver a tomar la misma decisión, respondió que sí: “Lo hubiera hecho en julio”. Las risas sonaron en toda la sala dando fin a los 96 minutos que dura “Sully” (2016), película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Thomas Jeffrey Hanks (California, 1956), más conocido como Tom Hanks y que da vida al capitán Sully.

El 15 de enero de 2009, Chesly Burnett “Sully” Sullenberger III (Denison, Texas; 1951) tuvo que amerizar, en el río Hudson (Nueva York), el Airbus A320 que hacía unos minutos había despegado del aeropuerto LaGuardia y con 155 personas a bordo. La broma con la que cierra Skiles obedece, obviamente, al frío que hace en enero en Nueva York y a las condiciones de muy baja temperatura que tenía el río. Más de 1.200 efectivos de emergencia y siete ferris rescataron, en 24 minutos, a todos los sobrevivientes.

Eastwood se basó en el libro Highest Duty: My Search for What Really Matters (julio de 2010) del mismo Sullenberger y el autor Jeffrey Zaslow para comprender qué había ocurrido con el vuelo 1549 de US Airways y que tenía como destino el aeropuerto internacional de Charlotte en Carolina del Norte. Detrás del “milagro del río Hudson”, Sully siempre agradeció a todos los implicados (como un verdadero equipo) para que esta situación no lo dejara a él como el único “héroe”, según se lo llamó. Humildad.

Desde que vi esta cinta, en su momento de estreno, siempre la he recomendado dentro del mundo de la empresa (y para la vida personal, por qué no) ya que desde el principio y hasta el fin es un “homenaje” a la toma de decisiones en una era donde la tecnología pretende erigirse en la verdad más absoluta dejando, en muchos casos, el factor humano de lado. Por muy bien “alimentada” que pudiera estar la tecnología, ¿puede actuar dentro de un contexto humano con sus errores y las consecuencias?

Es una realidad que, cada vez más, la tecnología (en todas sus variables) nos ayuda a tomar las mejores decisiones posibles pero también es una realidad que eso nos hace dependientes de herramientas muy potentes que no pueden “comprender” el factor tiempo. ¿Hubiera recomendado la Inteligencia Artificial amerizar el avión en un río? ¿Hubiera tenido en cuenta el factor “pájaros”, la cantidad y dónde iban a impactar exactamente? La realidad es que queremos controlarlo todo y eso es imposible.

Como se muestra en la película, el análisis de cómo fue el momento del impacto de las aves, lo realizaron unos pilotos en simuladores de vuelos y en 17 ocasiones hasta que dieron con “la simulación correcta”. Llevado a una situación más reciente, ¿qué ocurrió con todas las decisiones que se habían tomado los días previos a la pandemia y cómo fue la reacción semanas después? Mientras la vida sea “humana”, pretender jugar a ser dioses, siempre será una quimera.

Gracias a toda la tecnología disponible estamos teniendo muchas ventajas inimaginables hasta hace unos 20 años pero no debemos dejar de lado el pensamiento crítico. Si perdemos la capacidad de pensar y analizar, nos encontraremos en un escenario en el que podríamos no comprender lo que realmente ocurre, cómo ocurre y cuáles serían las decisiones correctas según el contexto que se puede presentar en segundos. El error humano existirá siempre; el factor humano no puede desaparecer.

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