¿Cuándo fue la última vez que tuviste miedo? No ese miedo por supervivencia ante una situación de emergencia o un drama. Hablo del que está en tu mente. Ese que no te dejó actuar, decidir, hablar… ser tú mismo. Ese del que luego te arrepentiste de no haber dado el paso. Ese que hace que te sientes contigo mismo y te cuestiones o hagas preguntas de por qué no pudiste, supiste, quisiste…

El miedo es una elección. Es fácil leerlo, ¿verdad? Pero el miedo está en tu cabeza. Vivimos rodeados de un entorno que, consciente o inconscientemente, nos sumerge en todo tipo de acontecimientos que bombardean una de las principales emociones que tenemos los seres vivientes: el miedo. Bueno Sebas… ¡Basta de la palabra miedo! Ya la he mencionado seis veces en dos párrafos. Suficiente.

Hay otra emoción. Soñar. Actúan como fuerzas opuestas. Mientras el miedo te paraliza, el sueño te moviliza. Cuando hablo de soñar, no me refiero a volar tu mente por paraísos celestiales o formas de vida de super estrellas que una película te muestra en poco más de una hora sobre ese personaje que obtiene sus objetivos en búsqueda de la felicidad. En la pantalla todo es fantástico. La vida real es otra cosa. Y mientras le doy vueltas a estas letras que buscan justificar el por qué debes enfrentar tus miedos y hacer realidad tus sueños, pienso en esos referentes de carne y hueso que seguro conoces y están en tu barrio, colegio, universidad, trabajo o ámbito habitual en el que te mueves.

Si esa persona te pudiera contar su “secreto”, te diría como, día a día, va construyendo con mucho mimo, amor, constancia, perseverancia y, no exento de cierto sacrificio, su sueño. Y también te diría que visualices dónde quieres estar. Que quites prejuicios de tu mente. Que dejes de cuestionar. Que evites conflictos. Que elimines sesgos. Que te quites mochilas que no son tuyas. Que cambies tus creencias limitantes por otras que te potencien. Pero, por sobre todas las cosas, te diría que “hagas”. Que muevas el culo. Porque mientras lo mueves hacia ese lugar que sueñas, irás observando como, a medida que avanzas, esos miedos que antes te paralizaban, han dejado de ser tu peor enemigo.

¿En serio necesitas quejarte por todo lo que ocurre o no estás de acuerdo? ¿Realmente lo estás dando todo para salir de una zona de confort que no te aporta y mina tu autoestima? Nadie dice que sea sencillo pero el no hacer nada conduce a una perpetua frustración, por pequeña que sea. La respuesta está en pasar a la acción; asumir riesgos; cometer errores; exponerse… El tiempo irá poniendo todo en su lugar. Paso a paso, cambia tus miedos por tus sueños… pero, por favor, no te quedes volando por el imaginario de tu mente… ¡Haz realidad esos sueños!

Por cierto, esa persona que te ha contado su secreto, eres tú… sólo que todavía no lo sabes…

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