No recuerdo cuando fue la primera vez que rompí una promesa temprana pero sí sé que puse toda mi confianza en algo (no alguien) desconocido. Una situación va llevando a otra y caí de cabeza en los brazos de la primera persona que me conmovió. Y ahí sí, mi confianza fue hacia alguien. Todas las que puedan caber en un océano lleno de tormentas mientras buscamos una isla de paz esperando a ese alguien que nos la regale. Y lo recuerdo desde siempre hasta los tres kilómetros y medio del horizonte.

Inestabilizó un corazón firme sin saber qué era aún eso de tener una emoción. No lo sabes pero te lleva a un lugar en el que nunca has estado. Como ese lugar fue hace décadas jamás volverás a saber de él pero te perseguirá en cada uno de los pasos destinados a esa consciencia consciente del recorrido en esta faz de la Tierra. Y lo buscarás y ese será el tormento porque nunca sabrás dónde es. Nunca sabrás qué es. Y te puede llenar de tristeza. Te puede ahogar en un río de lágrimas secas.

No tuve más elección que dejar de tener esperanzas a una edad muy temprana. ¿Acaso hubo opción? Tuve que adivinar tantas cosas desde una edad tan temprana… Comenzar a aceptar las cosas desde el primer día hace que cualquier pasado previo se desvanezca como un lago en el cielo cuando llegan las nubes que presagian tempestad. Y, sin embargo, empiezas a entender que las cosas no pueden salir tan mal y no lo sabrás hasta que pasen lustros de luces y sombras. Ahora lo sabes.

Has dejado que te pisoteen y has aprendido a reírte a través de los golpes y el dolor. Y dejas que la sangre de la vida se escape de ti. Y tienes razón. Y estás equivocado también. Puedes verlo en la forma en que te miran. Puedes verlo en la forma en que te tratan. Siempre el último en saber lo que ocurre. Siempre el primero en irse. Hacia un viaje que no pretende evadir la realidad sino recobrarla. Porque antes tuvo que haber algo. Un origen propio y no uno prestado, impuesto, heredado. Forzado.

Y cuando el cielo comienza a caer, la culpa siempre será tuya. La culpa siempre estará dentro de ti. Tu ángel de la guarda abandona el camino y deja paso a los fantasmas que perseguirán los miedos de otros pero no los tuyos. Estás tan rodeado que el viaje se hace eterno. Es un andar constante huyendo de todo y de nada y sigues buscando abrazar esa quietud que aporta paz hasta que un día, por fin, seas libre. Y puedes verlo en la forma en que te miran. Y sabes que no eres igual a todos.

¿Ellos tienen razón y tú estás equivocado? Sólo déjalos caminar sobre ti. Ríete a través de los golpes y el dolor. Eso te hará fuerte. Eso hará que seas quien estás destinado a ser. Siempre entre dos puntos. La eterna búsqueda hasta que llegue la libertad real de este mundo. Y los sentidos despiertan y la sensibilidad es mayor. Observa, reflexiona. Abandona el desencanto. Abraza el asombro, la curiosidad. Y entonces ya no importará la primera promesa rota, ni ellos y recuperas tu propio origen.

Inspirada en la letra de la canción Between Two Points de The Montgolfier Brothers, estas líneas se entremezclan con una etapa que cierra un círculo muy potente para abrir vivencias desconocidas pero con ganas de ser apasionadas. Esos lustros de sombras y luces dan paso, por fin, a la verdadera enseñanza del viaje entre dos puntos. No hay origen. No hay llegada. Y la necesaria curiosidad lleva, inexorablemente, a comprender el aquí y ahora. El indiscutible goce de la vida se revela en este viaje que está siendo.

¡Hola! ¿Cómo puedo ayudarte?