Marcelo Alberto Bielsa Caldera nació el 21 de julio de 1955 en Rosario (provincia de Santa Fe), una de las ciudades más importantes de la República Argentina. Exjugador de fútbol, actualmente es entrenador del Leeds United Football Club con el que acaba de mantenerse en la primera división de la Premier League inglesa luego de haberlo hecho ascender la temporada anterior. Marcelo Bielsa también es profesor de educación física. La pasada semana, cumplió 66 años.

Apodado “El loco”, es de los entrenadores considerados de “autor”. Tiene tantos defensores como detractores, justificando, estos últimos la falta de títulos importantes o no haber dirigido grandes equipos. En un mundo donde admiramos y nos llenamos la boca hablando de liderazgo, formar parte del proyecto de trabajo de este rosarino implica darlo absolutamente todo porque él hace exactamente lo mismo.

Pecados y defectos de un hombre que le gusta tener el control total de la planificación de sus desafíos. Poco afecto a la prensa, los grandes titulares y la exposición mediática, ha sabido ganarse el respeto de sus dirigidos. Bielsa lleva impreso el aprendizaje constante como antídoto ante la mediocridad, la autocomplacencia. Pep Guardiola lo ha referenciado siempre como su maestro, un hombre al que admirar.

Cuentan que Bielsa lleva una vida ordinaria pero que, en sus proyectos, demanda jóvenes con proyección o jugadores sin grandes logros. Su cuerpo técnico está en evolución constante. Exige que los dirigentes respeten los roles pactados. Busca estar en clubes con fuerte sentido de pertenencia y aficiones muy apasionadas. Cuando ve que algo de lo acordado no se cumple, simplemente se marcha.

Podríamos suponer que el vínculo del éxito asociado al triunfo no está en su visión filosófica; sobre todo en un deporte marcado por el exitismo llevado a niveles populistas que, en muchas ocasiones, tienen una lectura social profunda sobre según que región o país. Éxito, triunfo y felicidad… tres palabras que, dentro del universo Bielsa, están disociadas. El éxito no es el triunfo y, esto, no es la felicidad.

En ventas, sobre todo, estamos orientados a resultados. Hay éxitos y fracasos. Hay diversas formas de llegar a conseguir dichos resultados. Todos válidos siempre que comprendamos que toda organización debe tener una ética de trabajo y de comportamiento. En épocas de muy compleja realidad, sólo los valores harán que tengamos medio y largo plazo. El éxito nunca es sinónimo de triunfo.

Una de las citas más famosas de Marcelo Bielsa, lo retrata tal cual es: “Los momentos de mi vida en que he mejorado tienen que ver con el fracaso; los momentos de mi vida en que he empeorado tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peores, nos ayuda a enamorarnos de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos hace coherentes”. Toda una declaración de intenciones.

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