La muerte es ese lugar al que, cuando se va, sólo lo padecen los que se quedan. La muerte es ese lugar al que sabemos que está ligado nuestro destino final; sea de la forma que sea. Y, sin embargo, no integramos la muerte en la vida. ¿Se trata de pensar en ella o hacer algo por ella? No. Hablamos de aprender a asociarla a nuestro día a día. ¿Significa disfrutar de la vida? No como podríamos entender, superficialmente, el disfrute. ¿Vivir o existir? He aquí la gran cuestión, la gran asignatura pendiente.

Luego de una larga enfermedad que deriva en la muerte, llega el exitus; o es el exitus el que nos significa el final de ese proceso al que nos resistimos. La muerte como tabú. La pérdida como el drama. El drama como falta de explicación a la vida. Entre otras ramas de la psicología, la psicobiología estudia las bases biológicas de la conducta humana y que se constituyen en el medio ambiente en el que se desarrolla nuestra vida. El contexto, la educación, las relaciones, los padres. Todo hace nuestra conducta.

Para comprender el comportamiento de un individuo es necesario conocer, entre muchas otras cosas, las características biológicas del mismo, cómo y en qué medidas estas características se ven influidas por los genes y la historia evolutiva que ellos guardan, que mecanismos modifican esa información genética a lo largo de la evolución y su comportamiento. Estudiar esos mecanismos es clave para entender la conducta humana. Detrás de cada mente hay razones muy profundas de actuación.

Vivimos en una época de velocidad de vértigo y no nos paramos a cuestionarla. Estamos muy pendientes de no perder el tiempo. Cuando tomamos una decisión y tememos una mala elección. Cuando desperdiciamos media hora revisando el catálogo de una plataforma de series. Media hora escogiendo qué comer. Una vida entera esperando la relación perfecta; a quien querer. No existe la elección perfecta. Nos cuesta comprenderlo y, sin saberlo, elegimos no vivir nuestra vida mientras postergamos.

En 2004, Clint Eastwood, dirigió e interpretó Million Dollar Baby. Su personaje es Frankie Dunn, un entrenador personal y dueño del gimnasio Hit Pit. Hilary Swank (como Maggie Fitzgerald, camarera y boxeadora de 31 años) y Morgan Freeman (como Eddie Dupris, exboxeador y amigo de Frankie), acompañan a Eastwood. Esta obra de arte cinematográfica nos revela lo que significa exitus pero, más aún, todo el camino por cumplir los sueños que ha recorrido Maggie. ¿Vivir o existir?

Xusa Serra Llanas es diplomada en enfermería y licenciada en antropología social y cultural y tanatóloga. También es presidenta de la Asociación GestDol para el acompañamiento a personas en proceso de morir, sus familiares y conducción de grupos de duelo: “Si pienso que el final de mi vida va a ser la muerte, quizá me desespere”. “Utilizamos palabras como “se ha ido”, “nos ha dejado”. No nos ha dejado, se ha muerto”. “Se ha muerto” en vez de “exitus”: es lo que se espera de nosotros.

Cuando alguien se muere, cumple con lo que naturalmente se espera que ocurra. Por supuesto, un gran accidente o un drama, no están contemplados pero sí nuestro cuerpo que va mostrando las heridas, el paso del tiempo. Se trata de vivir; no de existir. Se trata de, a pesar de lo vivido, quedarse con los hermosos recuerdos vividos. Eso haré a partir de hora mamá: evocar esas buenas y viejas vivencias. Para el resto, la mente sabrá ser sabia. Hasta que llegue mi muerte, voy a vivir, porque es lo que se espera de nosotros.

¡Hola! ¿Cómo puedo ayudarte?