Hay momentos en los que no estamos agobiados por pensamientos irracionales y disgustos emocionales que logran distraernos de nuestras propias intenciones. Cuando hacemos y decimos lo correcto, en el momento indicado y de la forma correcta. Cuando estamos centrados y seguros de nosotros mismos. Cuando no necesitamos la aprobación de otros ni tampoco competir contra los otros. Cuando no tememos cometer errores. Cuando controlamos nuestra furia. Cuando sabemos que hay factores externos que no podemos controlar. Cuando avanzamos con firmeza y seguridad tanto en la vida personal como en la profesional.

Cuando todo esto aflora es que nuestro yo ideal está a pleno. Y ello exige una revelación total de nuestras fortalezas. Lo que el psicólogo estadounidense Daniel Goleman llamó la Inteligencia Emocional. Somos nosotros en estado puro. Maduros. Confiados. Orgullosos. Inspiradores. Tenemos que acortar la brecha que existe entre nuestras verdaderas intenciones y la realidad.

Hacer deporte. Leer libros. Desarrollar nuevas habilidades. Buscar un crecimiento espiritual. Comer sano. Ser más productivos. Son pasos o características que nos deben llevar a tener una vida lo más saludable posible. No sólo física. También mental.

Todos tenemos muchos recursos en nuestro interior pero, en ocasiones, no sabemos como desarrollarlos a pleno. Son nuestras emociones las que pueden ayudarnos también a alcanzar una mayor plenitud. Controlar nuestras emociones es la esencia de la inteligencia emocional; luego será más interesante aprender a gestionarlas.

Tanto en casa como en el trabajo. En nuestras relaciones diarias. Debemos escuchar más a nuestra intuición. Muchas veces estamos invadidos por ruidos negativos en nuestra cabeza. Alejémonos de ellos. No son los demás los que hacen que nuestra existencia sea compleja. Somos nosotros mismos los que permitimos que los demás afecten nuestro desarrollo. Debemos maximizar nuestro propio potencial y alcanzar el mayor rendimiento posible como personas.

Si hacemos caso al enfoque sociocultural de la psicología, las influencias sociales y culturales que nos rodean, tienen un considerable impacto en nuestros comportamientos. Debemos conocer profundamente nuestra conducta en base a este enfoque. La cultura es un factor determinante en la conducta humana; por lo tanto, ¿cómo es el ámbito donde crece y se desarrolla un determinado grupo de personas? En función de ello, ¿cómo nos afectan unas emociones limitadas a un conjunto de personas cercanas, de nuestro entorno más inmediato?

La psicología nos aporta diversos enfoques que coexisten (conductista, cognitivo, biológico, psicodinámico, humanista o evolucionista, más allá del mencionado sociocultural) y que nos deben ayudar a encontrar respuestas para expresar nuestra grandeza como personas. Si ampliamos la perspectiva y tenemos una visión multicultural de nuestra existencia, podremos comprobar las dificultades y los continuos desafíos que existen cuando generalizamos. Ignorar la diversidad cultural y la riqueza de ésta, nos somete a una ceguera intelectual que está lejos de poder integrarnos en (y con) los demás.

Es más sabio reconocer que, dentro de nosotros mismos, hay un yo que nos modifica constantemente y que cuanto más lo reforcemos, mejores estímulos encontraremos para tener un bienestar personal que nos movilice a tomar más y mejores decisiones para nuestros propios intereses y los de las personas que nos rodean. Comprender cómo nos influyen los factores socioculturales y aprender a gestionar nuestra inteligencia emocional, forman parte de un camino de autoconsciencia y autoconocimiento. Un camino que nos aleja de pensamientos irracionales y disgustos emocionales.

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