Viggo Peter Mortensen Jr. (Nueva York, 1958) interpreta y dirige Hasta el fin del mundo (The Dead Don’t Hurt, 2023), estrenada este 10 de mayo en nuestras salas. Una película que alguien podría estar tentado en calificar como “lenta”; un ritmo que es necesario seguir y no perder de vista el solapamiento de una historia contada, por momentos, en distintos instantes temporales. No es lenta. Estamos en una era de generoso vértigo y relatar una historia puede volverse “tedioso” si no relajamos la mente.

Este western me recordó al mejor Clint Eastwood pero sin comparar de forma directa. Mortensen tiene su propio sello y no pretende emularlo. El personaje de Vivienne Le Coudy, deslumbrantemente interpretado por la luxemburguesa Vicky Krieps (1983), puede llamar a engaño. ¿Es una reivindicación de la mujer en un terreno absolutamente masculino? Sí. ¿Hay que verla con ojos actuales? Mi criterio es que no. En la historia de nuestra civilización ha habido mujeres que han sabido ser protagonistas.

La firmeza del carácter de Holger Olsen (Viggo Mortensen) dista mucho de un hombre rudo y machista. Es básico, con firmes valores (alistarse en el ejército para pelear en la Guerra Civil estadounidense. Estamos en la década de 1860) pero muy empático. Adopta al hijo de Vivienne como propio casi sin cuestionamientos. Llevado a nuestra vida real, es un claro ejemplo de que cuando tomamos decisiones, estas nos recordarán más adelante sobre nuestra maduración (o no) y la aceptación de un nuevo escenario.

Mientras veía la película en el cine, me resistía a observarla con una mirada actual. No sé las intenciones del neoyorkino pero no podemos pensar que todo en el pasado fue oscuro, horroroso y machista. Existieron “islas” que promovieron los cambios, las necesidades de entonces. Hoy, la inteligencia emocional, nos ha abierto un mundo inexplorado hasta hace unas décadas pero, en lo profundo del ser humano, siempre ha albergado el amor y las buenas intenciones por el otro. No hemos sabido cómo hacerlo.

Vivienne se “roba” el protagonismo en todo momento. Libre e independiente, luchará por su papel en un mundo de hombres con muchos miedos que subyacen ante el poder de un par de ellos que tienen la sartén por el mango. No sabrían qué hacer la mayoría de esos hombres sin adular a esos poderosos. De hecho, quedan muy exhibidos por torpes y miserables. Es ella quien los expone con su carácter. Los incomoda; no saben qué y cómo responder ante la firme presencia de una mujer en un pueblo del oeste.

Significativa es la escena en la que ella hace frente al malo del pueblo al corregirlo en algo que éste dice. Vivienne le sostiene la mirada hasta que él que va. No hay venganzas ni rencores en la cinta, salvo el personaje del malo claro pero es tan ridículamente torpe que hasta el enfrentamiento con su padre lo deja en evidencia. No hay que hablar de machismo ni feminismo para entender que la educación en valores y en las emociones más elementales pueden marcar las relaciones interpersonales sin estereotipos.

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