Sencillamente, un día, lo descubres. Puedes vivir tu vida lejos de un estado de autoconsciencia y no saberlo jamás. Puedes vivir tu vida en plena consciencia de tu aquí y ahora y lo sabrás. Así como la naturaleza lucha a cada segundo por que todas sus especies sobrevivan, nosotros, no somos ajenos. Sí somos emociones caminando que buscamos justificar, con nuestros actos, lo racional de nuestras decisiones. El paso del tiempo nos pone en perspectiva. Debemos estar atentos a las señales (todo lo que ocurre a nuestro alrededor) y saber interpretarlas. Debemos ser buenos observadores.

Según hemos vivido, en base a muchas de las creencias limitantes que heredamos, transcurre nuestro existir en este mundo. Siempre he sido una persona muy curiosa y que se cuestiona y pregunta mucho. No creo ser obsesivo. Sí alguien al que le gusta comprender cómo ocurren las cosas. El “qué” o “por qué”, hace mucho tiempo que no me dan respuestas. Creo que es más inteligente saber el “cómo” o el “para qué” hacemos lo que hacemos. A partir de allí obtienes información y ésta (bien gestionada emocional y racionalmente) aporta claridad, mejores tomas de decisiones. Por supuesto, no deja de ser un proceso con sus diferentes etapas de maduración.

El termino “Piensa fuera de la caja” debería animarnos a ser nosotros mismos. A permitirnos “ser” nosotros mismos… y, sin embargo, vivimos atados a mandatos ancestrales. Familiares o sociales. De ahí vienen las famosas creencias limitantes que, según nuestros criterios, debemos evolucionar hacia creencias potenciadoras. Dicho esto, no quiere decir que esos “mandatos ancestrales” sean malos ni estén hechos con intenciones oscuras pero siempre será interesante revisarlos, cuestionarlos, renovarlos. Lo que sea coherente con nuestros pensamientos, bienvenidos; lo que no, fuera de nuestra mente y acciones.

En mi día a día, observo, cada vez más, como muchas personas (de todos los ámbitos posibles) “gritan”, en su silencio, la necesidad de ser ellos mismos. Cuando avanzas o profundizas aparece la culpa, los miedos, el qué dirán y un sinfín de excusas que tenemos mecanizadas; que nos alejan de quiénes queremos llegar a ser.

Me gusta escuchar a personas mayores. Hablar con ellas, intercambiar impresiones y, sobre todo, saber qué les ha hecho felices y qué han sabido evitar en la vida para sortear conflictos o situaciones potenciales que pueden perjudicar su existencia. Son minoría los que han vivido la vida que querían vivir. La gran mayoría, simplemente, se arrepienten de no haber tomado otro tipo de decisiones. Aunque no lo parezca, nos sorprenderíamos de la enorme cantidad de personas que viven en su propia cárcel mental.

Quizá esto lo escribo para mí; quizá, para ti que me lees. Así seas una sola persona. Así estés agobiado. Así estés llena de miedos. Sabiendo que la respuesta será la de siempre y que “cómo voy a patear el tablero” y un largo etcétera de excusas que nos ponemos para encontrar, dentro de nosotros mismos, a esa persona que queremos llegar a ser. Sencillamente piensa que hay peleas que no son tuyas. Sean personas o situaciones que consideres normales y habituales (por que no te las cuestionas), hay “peleas” que ya no son tuyas.

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