Según un estudio (2015) de Nomura Research Institute y la Universidad de Oxford, para 2030, el 49 % de las tareas laborales serán realizadas por robots, físicos o virtuales. Esto será en Japón. En Estados Unidos y el Reino Unido, porcentajes algo inferiores. No hace falta esperar hasta dentro de unos ocho años para comprender qué temas están encima de la mesa y cómo comunicarlos internamente dentro de nuestras empresas. Por supuesto, hay que sumar la pandemia y la vertiginosa aceleración digital. Entonces, nos encontramos con un escenario muy complejo para gestionar pero que se puede y debe llevar adelante. El reto lo tenemos desde ya. Está ocurriendo ahora.

La irrupción de esta digitalización en nuestras vidas, está generando mucha ansiedad, estrés, agobio e incertidumbre. El coronavirus (que no desaparecerá en el corto ni medio plazo) ahonda estos estados emocionales que van a requerir responsables de áreas más «humanos», preparados intelectualmente, con resiliencia, alta tolerancia a la frustración y fortaleza mental. No olvidemos que está habiendo más casos medicados por ansiedad y/o depresión. Quién gestione, debe contemplar estos casos que, según varios estudios, irán a más.

Uno de esos estudios fue realizado durante la primera ola de la pandemia y publicado en mayo de 2020. Titulado, “Síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático ante la COVID-19: prevalencia y predicciones”, un equipo de investigadores y académicos de la Universidad Complutense de Madrid, realizó una encuesta entre 2.070 personas de entre 18 y 75 años en toda España. Los resultados se pueden encontrar en internet.

Toda esta información nos tiene que llevar a comprender y conocer que quiénes tengan la responsabilidad de la comunicación interna de una empresa, deberán adquirir y/o profundizar nuevas «competencias» orientadas a la inteligencia emocional propia para poder trasmitirlas a sus colaboradores. ¿Habrá que leer o conocer este tipo de informes? Quién no lo haga, se perderá gran parte de lo que implica (seriamente) el desarrollo de personas. La comunicación será efectiva y eficaz si logramos comprender lo que implica «conectar». Si no, el mensaje no llega. Humanizar la comunicación, hoy por hoy, lo es todo.

En áreas como operaciones, el cambio ya se viene dando desde hace años y desaparecerán según qué puestos de trabajo como ha ocurrido en las últimas décadas con otras tareas o profesiones que ya no existen. Forma parte del proceso evolutivo laboral que los seres humanos hemos asumido. Cuanto antes estemos informados y/o preparados, mejor nos adaptaremos. En otros departamentos, donde la convivencia con los robots también será de tú a tú, la formación y unos buenos planes de actuación, serán claves para asumir estos cambios.

Donde una tarea no aportaba importancia, deberemos trabajar con nuestros colaboradores para que comprendan que ahora necesitamos que agreguen más valor «intelectual» a sus labores. Un software (no deja de ser un robot) hace trabajos que para un humano resultan rutinarios, tediosos y faltos de productividad. Una persona deberá saber interpretar, gestionar y tomar decisiones en base a toda la información que se analice. Ya ocurre; irá a más.

Por lo tanto, el reto de la comunicación interna pasa por reforzar, formar y/o capacitar a nuestros colaboradores (cada uno en su ámbito de responsabilidad pero sabiendo cómo funcionan otras áreas) para que comprendan los cambios actuales y futuros y, sobre todo, para que, más allá de un plan bien articulado y comunicado, la cercanía, el trabajo en equipo, la empatía, la asertividad o el compañerismo, sean realidades que superen, en muchos casos, lo que el papel pueda soportar. Podríamos hablar de Inteligencia Emocional Avanzada.

Una persona formada e informada, tendrá más herramientas para adaptarse. Más liderazgo humano en tiempos de transformación digital. Dependerá de nosotros; lo contrario, será el control por el control (del ser humano) y la pérdida de las libertades individuales. Dependerá de nosotros.

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