Soy un convencido de que el mundo comercial, del marketing y de los recursos humanos están íntimamente ligados como, quizá, ninguno más en otras áreas empresariales. Hablamos de ventas, de cómo seducir al cliente, de personas. La venta, el marketing y la gestión del capital humano son entendidas hacia fuera generalmente pero, qué duda cabe, afectan al cliente interno también. Si no nos orientamos a nuestra gente, la repercusión, de forma directa o indirecta, afecta a nuestros compradores.

Cuando comencé esta andadura, no tenía claro el momento de empezar con mis propios artículos de opinión, aunque mis estudios de periodismo harían salir en cualquier momento la “necesidad” de expresarme. El espíritu de este blog es el conocimiento, debatir ideas y reflexionar sobre aquello que genere el que seamos cada vez mejores profesionales y personas, claro está. Lo que sí tenía en mente es que los artículos tendrían siempre una orientación a las personas.

Para llegar a las ventas o al mundo del marketing se necesitan personas. Recursos humanos tiene un papel esencial en ello y es deseable, que con la irrupción de la inteligencia artificial, se dejen tareas que no aportan valor para dedicarse, precisamente, a las personas. Éstas deben tener un perfil diferenciador para lograr esos objetivos. Pero últimamente se debate mucho sobre la productividad. Independientemente del saber hacer de cada profesional, con o sin titulación, con o sin experiencia.

La productividad no se puede asociar tan ligeramente a realizar más o menos horas laborales. Un trabajador es productivo cuando realiza sus tareas de la forma más eficiente y eficaz posibles. Una persona es eficaz cuando tiene la capacidad de lograr el efecto que se espera o desea. Sé es eficiente cuando se tiene la capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado. Estos términos, que nos ayuda el Diccionario de la Lengua Española a entender, tienen un denominador común: tener la capacidad para “ser” y “hacer”.

Está claro que, si una persona no tiene la capacidad para ser productiva, hay que pensar en el cómo lograr que cumpla con sus objetivos para los que fue depositario de la confianza de una organización. Entiendo que la capacidad debe venir dada por unas habilidades que el trabajador, sea en el ámbito que sea, debe poseer. Cuando esto no ocurre, por voluntad propia o por interés de la organización, se debe recurrir a la formación. Buscar los puntos de mejora para que la persona sea mejor profesional.

Y este es el punto que debemos contemplar. Como comenzar, de una vez por todas, a mirar a la cara y enfrentar este hándicap que tenemos como sociedad: ser más productivos… y dónde no sepamos cómo, la formación. Pero ésta no debe venir sólo de la situación de estar sentados frente a un formador y tomar unos apuntes, para que luego queden en el olvido.

La formación debe venir también acompañada de responsabilidad, curiosidad, ganas de superarse, sana competitividad, aprender todos los días, ser humildes, tener motivación propia y una actitud positiva hacia todo lo que hagamos en nuestra vida, no sólo en lo laboral. Está en la actitud de cada uno de nosotros. La actitud y nosotros.

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