En muchas ocasiones, remarco lo capital que es tener una sólida base cultural y de educación. En mi caso, como en muchos, desde que tengo uso de razón, la lectura ha estado presente siempre en mi vida. Mi propia curiosidad me ha llevado a explorar autores diversos y antagónicos para tener siempre una visión amplia del mundo que me rodea. Lo sigo practicando y se lo puntualizo a mi hija.

Leía hace unos días un viejo artículo, en El País Semanal, en el que se mencionaba sobre la felicidad que nos produce leer. Certero, Alan Brew (ex editor de Financial Times), reflexionaba: “Leer a los grandes escritores te hace una persona mejor preparada para tomar decisiones creativas, interesantes y educadas”.

Una persona que tiene un buen nivel de lectura y comprensión está mejor preparada para la vida, en lo personal y lo profesional. La educación y la cultura abren puertas. Lejos de estar quejándote todo el día de la falta de fortuna o de los problemas que existen (los que sean) aprendes a tener una perspectiva global, para luego ir a lo particular, de las situaciones que se viven día a día.

En infinidad de ocasiones vemos a personas ser reactivas ante acontecimientos simples. Esto genera un estrés innecesario. Está en el deseo de cada uno utilizar esta sencilla herramienta, no sólo para tener un nivel intelectual más interesante sino para encontrar mejores respuestas en nuestra vida y ser más proactivos. Cuando nos ocupamos con seriedad de las cosas importantes, lo urgente suele desaparecer.

¿Cuánto tiempo dedicamos, al día, a leer? Pero buenas lecturas; ya no el periódico o superficialidades. ¿Cuántas horas dedicas a sentarte frente al televisor o navegar, sin rumbo, por internet? Sumergirse en historias, novelas o cualquier tema que nos atrape o haga pensar, será siempre un regalo para nuestra mente. Estimula la creatividad y nos permite viajar a otros mundos. Conectar con cierta ingenuidad e inocencia.

Por contra, “entretenerse” en la vida de otros y llenar nuestro cerebro de cuestiones tóxicas, no hace más que generar una lectura que no es correcta, que es distorsionada y, muchas veces, negativa del mundo. Hoy, el “Homo Videns”, como definiera Giovanni Sartori al ser humano de la era de la tecnología, tiene muchos ruidos en la mente. Mucha dispersión de la que es un mero espectador; donde la comunicación es unidireccional.

Invitaba Julio Cortázar a ir a la lectura como se va a los encuentros más esenciales de la existencia, como se va al amor y a veces a la muerte, sabiendo que forman parte indisoluble de un todo y que un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y su última página.

Cuando en mis formaciones o consultorías me preguntan cómo llegar más y mejor a los clientes, sabiendo que la parte técnica o de conocimientos está madura, siempre recomiendo leer, leer y leer. El mundo está lleno de oportunidades para quién sabe moverse y encontrar una buena conversación que estimule la interacción con nuestros clientes. En muchas ocasiones, ahí está el valor agregado. Ahí está la venta.

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