Oxford Languages nos aporta una definición de madurez: “Estado de una cosa que ha alcanzado su pleno desarrollo o de una persona que ha alcanzado su mejor momento en algún aspecto”. Así mismo, nos dice sobre la personalidad: “Conjunto de rasgos y cualidades que configuran la manera de ser de una persona y la diferencian de las demás”. En el año 2020 se publicó “Todo lo que tienes que saber sobre la vida” del médico y psiquiatra español, Enrique Rojas Montes (Granada, 1949).

En su primera lección, Rojas, se pregunta a modo de título: “¿Qué es la madurez de la personalidad?” y nos brinda un decálogo de comportamientos que me interesa vincular al profesional de la venta, al vendedor en la búsqueda de su madurez comercial. ¿Cuáles son las fortalezas (aptitudes) y cuáles son las debilidades (limitaciones) de la persona? Conocerse a uno mismo es elemental para tener un comportamiento adecuado; el saber ser y el saber estar frente a un cliente.

El aquí y ahora, saber vivir el presente, nos permite tener relaciones sanas. Haber superado las heridas (físicas, psicológicas, económicas o familiares) del pasado es un trabajo intrínseco profundo y largo en el tiempo que nos permitirá evitar el resentimiento, el rencor o el dolor que nos han causado ciertas vivencias muy marcadas. El comercial debe tener un buen nivel de autoconsciencia sobre esto si hubiera experimentado situaciones traumáticas. Aquí radica la fortaleza mental también.

Tener una buena percepción de la realidad: ser realista sobre la situación y el contexto que imperan entre la relación intrapersonal y la interpersonal con un cliente. A nivel personal, no creernos más de lo que somos ni tampoco infravalorarnos. Esto deriva en trabajar constantemente nuestra estabilidad emocional. El día a día en ventas puede convertirse en una montaña rusa de sentimientos y emociones. Debemos aprender a darle a las cosas la importancia que tienen. La filosofía estoica como respuesta.

Enrique Rojas nos habla como personas e invita a tener un proyecto de vida coherente y realista. ¿Cómo interactúan el amor, el trabajo, la cultura y la amistad? Si llevamos esto al mundo de las ventas, ¿cuán coherentes y realistas somos en la interrelación con todos los actores de nuestro día a día profesional? Reflexionar sobre ello es más que necesario. Ser independientes de la gente. Libertad individual. Que afecte menos el qué dirán; ser naturales; no buscar la aprobación de los demás y evitar la comparación.

Tener un buen equilibrio entre corazón y cabeza forjan la personalidad del vendedor. Dependiendo el momento y el contexto, ese equilibrio, nos debe llevar a saber cuándo será protagonista la razón y cuándo la emoción. O, en tal caso, comprender cómo pueden se pueden conjugar ambas. La voluntad como pilar de la conducta propia: tener una buena educación de la voluntad. Trabajarla todos los días; no renunciar. Cuando la inteligencia se ausenta, la fuerza de la voluntad es el motor motivacional.

Reírse de uno mismo; tener sentido del humor. Adquirir el sentido del ridículo y normalizarlo. Eso sí, sabiendo cuándo utilizar el humor y cuándo no. No todo vale. No es lo mismo reírse de uno mismo y tener sentido del humor que hacerse el gracioso. Por último, tener criterios morales y éticos estables. La libertad implica responsabilidad y un vendedor debe tener estos criterios como banderas. La educación y formación constantes harán del comercial una persona madura y segura de sí misma.

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