Durante el día nos cruzamos con muchas personas. En lo estrictamente personal, en lo profesional o en lo social, ¿cómo nos afecta algún comentario negativo que esa persona pueda haber hecho? ¿Cómo reaccionamos? ¿Nos preocupamos o pasamos de ello? Debemos interiorizar que todas nuestras reacciones son por elección propia. Nos legó el emperador Marco Aurelio Antonino Augusto (121-180), en su obra Meditaciones: “Arroja fuera de ti la suposición, estarás a salvo. ¿Quién te lo impide?”.

Puedo elegir mi actitud hacia una persona según mi estado emocional y ello es consecuencia de la educación que hemos recibido, los prejuicios adquiridos y/o el ámbito de nuestro desarrollo, sobre todo personal. Hay personas que no se molestan por nada y otras que no pueden vivir tranquilas pensando que el mundo conspira en su contra y que todo lo que se dice o hace tiene que ver con ellas. Sigue Marco Aurelio: “Hay que dejar ahí el error de otro”. Educación continua.

Si una persona, que es parte de tu pasado, te sigue atormentando y generando situaciones de rabia, ira o bronca, ¿de quién es la responsabilidad de ese tormento? Podemos cambiar nuestra visión, nuestra actitud. Sólo nosotros decidimos quién puede herirnos o lastimarnos. No es un ejercicio fácil pero seguimos recurriendo al emperador: “Todo está en cambio; también tú estás en continua transformación e incluso en destrucción, al igual que todo el universo”. ¿Transformación o autodestrucción?

¿Cómo está tu humor? ¿Te ríes de ti mismo? Las personas que están a nuestro alrededor nunca serán como nosotros queramos que sean y hay que aceptarlo. Pensar en nuestro estado o salud emocional (invertir en ello), nos aportará sabiduría. Eso es lo que realmente importa. Existen un sinfín de razones por las que una persona puede tener comentarios o actos negativos (incluso agresivos) hacia un semejante. ¿Qué mueve a alguien a tener ese comportamiento? Es interesante aprender a comprender sin juzgar.

Otra vez, el último de los Cinco Buenos Emperadores: “Cuando tropieces con un sinvergüenza, pregúntate al momento: “¿Es posible que no haya sinvergüenzas en el mundo?”. No es posible. Entonces no pidas lo imposible. Este es uno de aquellos sinvergüenzas que tiene que haber en el mundo. Ten a mano este mismo pensamiento para el malvado, el desleal y todo aquel que obre mal. Si recuerdas que es imposible que no haya esta clase de hombres, serás más benévolo con cada uno de ellos…”.

¿En quién depositamos nuestra confianza? ¿Somos conscientes que nos acercamos a ciertas personas buscando en ellas comportamientos similares a los nuestros? Así y todo, cuando nos encontramos con nuestro “espejo negativo”, ¿asumimos nuestro error? ¿Por qué no cortamos con esa relación? La que sea. “El filósofo”, nos confirma: “Ni siquiera si te rompes en mil pedazos, dejarán de actuar igual”. La actitud tóxica será siempre igual; nosotros tenemos la “obligación” de cambiar, de encontrar otro camino.

Por fin, “El sabio”, nos recomienda: “Piensa continuamente quiénes son aquellos de los que quieres recibir testimonio, cuál es su principio rector. Así no reprocharás nada a quienes dan tropiezos sin querer ni necesitarás su testimonio, con tan solo mirar a las fuentes de su creencia y de su impulso”. Cuando alguien nos moleste, irrite o genere cualquier tipo de animadversión, recordemos que podemos estar ante nuestro propio espejo. ¿Es lo que deseamos para nosotros? ¿Cuál es nuestro principio rector?

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