Recientemente publicado (mayo de 2021), el nuevo libro de Anne Applebaum se titula “El ocaso de la democracia”. La seducción del autoritarismo, como atrayente subtítulo. En él, la periodista y escritora estadounidense, nos argumenta una sólida realidad (desde su visión liberal) sobre los extremos autoritarios (sean del color que sean) que se acontecen en varias regiones del mundo occidental. No hace distinción sobre casos como Hungría, Polonia, España, Reino Unido o los EE.UU. Los describe y nos recuerda también la figura de Lenin y su pensamiento. Interesante y amena lectura (se lee muy rápido gracias a su gran habilidad como redactora) que nos encuentra ante un denominador común: lo que significa un sistema unipartidista.

No es interés de este artículo entrar en política, salvo para rescatar ese concepto de unipartidismo que, como nos ha mostrado la historia, generalmente suele estar sostenido por la figura unipersonal de su líder. Hablamos de un liderazgo carente de valores donde ideas como la libertad, la falta de neutralidad, los seguidores cegados por unas expectativas propias de recompensas o una poca claridad en la comunicación, suelen ser desfavorecidas cuando no ignoradas. La realidad pasada nos ilustra con una gran cantidad de personajes nefastos con estas características.

Otra de las lecturas que ocupó mi tiempo este verano fue “La sociedad del cansancio” del filósofo y teólogo surcoreano, Byung-Chul Han. Su 11ª impresión (ampliada) es de este mismo 2021. En este pequeño, potente y, por momentos, complejo ensayo, Han, nos expone, tanto que hablamos de cambios de paradigmas, uno que, a su juicio, está siendo muy silencioso: el exceso de positividad nos lleva a una sociedad del cansancio. Se focaliza en cuestiones tan obvias como poco reflexionadas cuando nos recuerda que la actual aceleración en la que vivimos, nos lleva a una falta de libertad ante tanto trabajo, tanto rendimiento (la tan reclamada “productividad”) que genera, cada vez más, nuevas obligaciones. Evidentemente, esto choca con la falta de “ser”.

Byung-Chul Han nos pone ante un espejo: “En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo a la vez. Así, uno se explota a sí mismo”. Enfatiza aún más: “…las enfermedades psíquicas como el burnout o la depresión, que son las enfermedades características del siglo XXI, muestran en conjunto rasgos autoagresivos. Uno ejerce violencia contra sí mismo y se autoexplota. La violencia a cargo de otros es reemplazada por una violencia autogenerada, la cual resulta más fatal que aquella, porque la víctima de esta violencia se figura que es libre”.

Dos libros que no tienen nexos en común pero que nos ponen una realidad objetiva delante de nuestras narices que, en general, no se quiere ver y termina por afectarnos: como todas las decisiones políticas influyen (en el corto, medio y largo plazo) en nuestras decisiones diarias (personales y profesionales) y no somos tan conscientes de ello y como la velocidad de vértigo en la que estamos sumergidos, desde que la revolución industrial nos marca un estilo de vida, ha aumentado con la digitalización de los procesos productivos y de ocio.

Lejos de lo que pueda parecer, Applebaum y Han, al mostrarnos una realidad demoledora, cierran con “luz”. Anne, nos invita a abrirnos camino a través de la oscuridad y descubrir que, juntos, podemos oponer resistencia a épocas de autoritarismos que no son, por lo menos en nuestras sociedades, como hasta hace cuatro o cinco décadas; son autoritarismos “amables” con nuestras vidas privadas. Byung-Chul, nos invita a convertir los “grandes almacenes” en una casa (como sinónimo de vida propia); como un centro festivo en el que realmente merezca la pena vivir.

El pasado nueve de agosto, el secretario general de la ONU (António Guterres, de origen portugués) hablaba de “código rojo” para referirse al gran informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), basado en más de 14.000 estudios en los últimos años, donde se culpa, a la acción del hombre, sobre el aumento de fenómenos extremos que estamos viviendo. Es una realidad que muchos informes de la ONU han sido cuestionados a lo largo de los años pero no menos real es que se evidencia una injerencia de nuestra acción sobre el planeta, con especial hincapié desde la revolución industrial en adelante.

En lo personal, en lo profesional y como humanidad, la realidad nos está mostrando un colosal reto por delante; un verdadero e innegable cambio de paradigmas. No es una cuestión de fe; es asumir la valentía de mirarnos al espejo y madurar, no ya que mundo vamos a dejar a las futuras generaciones, sino lograr un sano egoísmo social y pasar a la acción, aquí y ahora. La historia ya nos ha enseñado suficiente.

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