El martes 26 de febrero de 2019 tuve la oportunidad de asistir a una obra de teatro colosal. 100 años del Teatro La Latina (Madrid). 200 años del nacimiento de Herman Melville. 2019 fue un buen año para festejar (por partida doble) y ver, en directo, uno de los grandes clásicos de la literatura universal, publicado en 1851: Moby Dick. José María Pou es el Capitán Ahab. Obsesión y autodestrucción. Readapto este artículo, que escribí en su momento, para ligarlo a un tema que, asociado, me gusta abordar.

Convivir con el Capitán Ahab no debe ser fácil. ¿Hay algo positivo en un personaje con un ego sobredimensionado y capaz de sacrificar la vida de otros en pos de encontrar venganza contra una ballena blanca? Hay una lucha perdida de antemano y, sin embargo, él va… La mentira como ambición personal para arrastrar a una treintena de marineros con la promesa (falsa) de cazar cetáceos… su cetáceo. ¿Héroe o villano? En el mundo profesional, ¿observamos personas con un ego sobredimensionado?

Y ahí va, Pou, con sus 75 años a cuestas haciendo un personaje (durante una hora y 20 minutos) de entrega total. Ir al teatro es magia en estado puro y el de Mollet del Vallès, a modo de guiño, nos pide que la imaginación y la fantasía formen parte de esta historia con tintes épicos, dramáticos, trágicos. Y es así… todos los espectadores hemos estado en ese barco ballenero “Pequod” y en compañía de Ismael y Quiqueg, grandes actores que secundan a Pou. En nuestras empresas, ¿acompañamos proyectos “dramáticos”?

“Yo soy la locura enloquecida”, se desgarra la voz de Ahab con amable tranquilidad. La locura humana tiene un poco del Capitán Ahab en todos nosotros si pudiéramos dar rienda suelta a nuestra imaginación, nuestras emociones más profundas e incontenibles, nuestro ego más primitivo, nuestras miserias jamás confesadas… Así y todo, cabe la reflexión cuando hablamos de liderar un equipo. ¿Cuánto se conoce ese líder? Introspección ¿Aporta seguridad al equipo y a los proyectos? Seguridad psicológica.

Al fondo, el mar. Al fondo, todos nos vemos reflejados en un viaje que tiene como destino final la muerte. Al fondo, la convivencia con esos seres que elegimos (o no) como compañeros. Al fondo, Moby Dick como coartada. Al fondo, nuestros miedos, certezas o sinrazones. Al fondo, el ser humano… que, aunque trate de convencerse de lo contrario, lleva una parte del personaje de Melville soberbiamente interpretado por José María Pou. ¿Cuántos miedos (silenciados, ocultos) invaden a las personas?

Vivimos unos tiempos turbulentos (los nuestros; así como otras generaciones vivieron los suyos) donde las personas suelen contenerse y evitar riesgos. En lo personal y en lo profesional. Ya nos lo contó Maslow hace unos 80 años: necesidades de seguridad. Y hoy agregamos: seguridad psicológica. Conscientes o no, las personas tienden a proteger su trabajo. ¿Se denuncian errores? ¿Se hacen preguntas cuando hay dudas o por curiosidad? ¿Se ofrecen nuevas ideas? ¿Se autocensuran las personas?

Y, en todo esto, ¿qué papel juega el responsable de un equipo de trabajo? El que sea. ¿Actúa como el Capitán Ahab o como un verdadero líder? Al personaje de Moby Dick lo impulsó una emocionalidad egocéntrica, destructiva y sin límites. El líder de hoy, tiene que trabajarse a sí mismo para generar esa seguridad psicológica que impulse a su gente desde la creatividad, la libertad de expresión y la palpable realidad de saber que la opinión y la acción no van a estar “penalizadas”. Ayer como hoy, liderar con valores.

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