Este pasado sábado dos de marzo comenzó la temporada 2024 de la Fórmula 1. Sigo este deporte, devenido en Gran Circo, desde hace unos 30 años. Las grandes luchas entre Senna y Prost, mi pasión por Ferrari (hoy mucho más apagada por observar cómo se maneja todo en Maranello), los títulos de Michael Schumacher, la admiración por Fernando Alonso y otros grandes pilotos y el deseo por ver triunfar a Carlos Sainz, me siguen ilusionando para ver, cada nuevo año, la elite del automovilismo mundial.

Durante el Gulf Air Bahrain Grand Prix, el madrileño dio un golpe encima de la mesa y acabó tercero para obtener el primer podio del año y el 19º de su carrera. El jarro de agua fría que supuso, sin comenzar aún la temporada, el anuncio del fichaje de Lewis Hamilton por la Scuderia para 2025, impuso, de inmediato, la salida de Carlos del equipo italiano. ¿Y cómo contestó el hijo del campeón del último Dakar? Dando batalla en pista ante su compañero de equipo, Charles Leclerc. ¿Le ganará siempre? No pero…

La realidad, siempre tozuda, nos muestra que Carlos, este año, no tiene nada que perder y todo por ganar. En ocasiones, las personas necesitamos desafíos mayúsculos para sacarnos de nuestra zona de confort y dar (en serio) lo mejor de nosotros mismos. No sólo tiene que buscar nuevo equipo para el próximo año; debe ganárselo para que se peleen por él. Cuando uno no tiene nada que perder en la vida, paradójicamente, puede ser el inicio de empezar a ganarlo todo. Y, no, no todo es materialismo.

En mi larga experiencia profesional, cuando estuve “cómodo” y teniendo un supuesto éxito, no aprendía nada. Los golpes, tan necesarios, enseñan. Duelen pero enseñan. De un tiempo a esta parte, mi pensamiento ha evolucionado hacia el asumir riesgos pensando que no tengo nada que perder. En realidad, sí que hay mucho por perder pero esta mentalidad juega en otra liga. La seguridad psicológica con la que nos movemos en la vida dice mucho de hasta dónde podemos llegar según lo que nos propongamos.

La realidad es que vivimos en sociedades, por lo menos en gran parte del mundo occidental, donde el confort está muy disfrazado de superficialidad. Como llegue un tiempo de crisis (general o particular), se desmorona nuestro castillo de naipes. Aprendí a conocerme en profundidad; con dolor, con frustración, con terrible incertidumbre pero fui construyendo una mentalidad fuerte sin perder lo emocional y lo sensible. Comprender cada contexto, cada entorno para saber cómo actuar. Nada sencillo.

Cuando, luego de un trabajo de introspección honesto y profundo, adquieres un nivel de certidumbre sobre ti mismo, te das cuenta de que tus límites están en tu cabeza. Que en un mundo acomodado, quien se libera de ataduras, logra avanzar (no sin ciertos contratiempos) hacia sus objetivos. Por supuesto, hay un poco de ego, de creencia en uno mismo pero siempre de forma sana, de superación, de orgullo bien entendido. Creo que todo ese camino me ha llevado a estar “cómodo” en la incertidumbre.

Carlos Sainz Jr. ha tomado el control de su Ferrari. Imagino una temporada definitiva en su maduración e incómoda para los demás. Su compañero y el equipo lo saben. La estrategia de la mítica Scuderia puede ser desastrosa como en los últimos tiempos. No será responsabilidad del número 55. Cuando en la vida tomas decisiones con la cabeza de uno de tus tobillos, no esperes que, ese golpe de efecto, sea rentable para tus intereses. Cuando alguien no tiene nada que perder, tiene todo por ganar.

¡Hola! ¿Cómo puedo ayudarte?