Alguna vez escribí sobre el caso de Paul McCartney y las cosas que aprendes sin darte cuenta. Nunca lo leí. No sé si es su intensión, aunque creo que sí. En esa ridícula comparación beatle de quién fue mejor, si Lennon o McCartney, los años de maduración hacen preguntarte: ¿y George? ¿Y Ringo? Todos han aportado para ser, no sólo el mejor grupo musical de todos los tiempos (¿sonará muy exagerado?), sino el más creativo, influyente y respetado. Cada uno con su estilo, los cuatro han sido genios y, más allá de gustos, ahí están sus obras en solitario para demostrarlo. Otra cosa es que, desde nuestra subjetiva visión de la vida pretendamos dar lecciones de quién es un genio y por qué, cuando apenas podemos gestionar nuestro día a día.

Decía que al seguir la carrera solista de Paul, he observado como a medida que avanzaba en edad se ha ido rodeando de músicos más jóvenes que él. No sólo es, Sir James Paul McCartney, uno de los mejores artistas, sino que busca inspirarse en las nuevas generaciones para encontrar nuevos estímulos. Otro artista que seguía esa línea fue el gran David Bowie. La historia de la música está llena de casos similares. De hecho, McCartney y Bowie, también observaron y admiraron, en sus inicios, a otros artistas.

Trasladado esto al mundo de la empresa: ¿cuántas son las compañías que aprovechan el intercambio generacional que tienen en sus plantillas? ¿Los jóvenes están educados para observar y aprender de los mejores? ¿Y de los que tienen ese valor añadido que son los años de experiencia? Dando vuelta el planteo, ¿los seniors observan a los más novatos para refrescar, replantear o encontrar nuevos estímulos para seguir, mentalmente hablando, ágiles y proactivos?

En ambos casos, se trata de generar una sinergia en la que (frase recurrente pero efectiva) ganan todos. Los mejores no tienen edad. Tienen visión de superación, de ganas de mejorar, de esfuerzo, de saber que no hay caminos fáciles. Que, trabajando, los resultados, tarde o temprano, llegan.

Es una realidad que estamos llenos de sesgos, de prejuicios, de inseguridades. Vamos, en una palabra, de miedos. Y estos miedos los vive desde el director general de una organización hasta cualquier operario de una empresa de transportes logísticos. ¿Son diversos tipos de miedo? Por supuesto pero tienen un denominador común: la pérdida. Una pérdida que viene arraigada, de forma cultural y social, como una creencia limitante que actúa de muro ignorante para evolucionar. Una pérdida que nos dice que es mejor quedarnos con lo que tenemos; que no hace falta arriesgar. La realidad, es que la vida es cambio. Nada permanece igual.

Más allá de cómo y por qué fue la separación de The Beatles (creatividad, egos, ganas de crecer fuera del amparo de un grupo, situaciones coyunturales, influencias externas, etc.), ninguno de sus miembros se escudó en tener un trabajo fijo en el que refugiarse ni echó culpas fuera (bueno, algunas sí pero es normal cuando un grupo se separa). De hecho, cada uno de los cuatro, por separado, hicieron de sus primeros trabajos solistas, obras musicales que evidenciaron la genialidad individual.

Las manos del hombre (foto que acompaña esta entrada) que moldea con paciencia y sabiduría esa obra que está realizando es la expresión gráfica de lo que implica el esfuerzo y dedicación para lograr el éxito en todo lo que hacemos. ¿Estamos preparados para alcanzar nuestro éxito particular? ¿Observamos y nos rodeamos de los mejores?

La respuesta está en nuestro interior. Personal e intransferible. ¿Qué nos dice?

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