Vivir en Madrid, como en cualquier gran ciudad del mundo que desborde cultura para regocijarse y aprender, tiene la complejidad de que cuando salen a la venta las entradas de ciertas obras de teatro y/o con actores de gran nombre, hay poco tiempo para comprarlas. Si no aplicas con cierta rapidez, te puedes quedar sin contemplar la siempre maravillosa experiencia del directo en escenarios con nostalgia e historia o en otros que están haciendo su camino y adaptados con nuevas comodidades para disfrutar.

Mi buena amiga Soledad, con quien suelo disfrutar de las ofertas que hay a lo largo y ancho de toda la Comunidad de Madrid, tiene una particularidad y es que no le gusta planificar a largo plazo. Ésta no pasa más allá de los 15 días y, cuando vemos una obra que nos gusta, nos planteamos cómo hacerlo. Tenemos muy buena conexión, diálogo y nunca vemos problemas. Siempre encontramos respuestas que nos satisfacen a ambos. Nunca sabemos cómo pero ahí estamos para ver lo que nos proponemos.

Nos gusta mucho Cayetana Guillén Cuervo y como estoy suscrito a todas las newsletters habidas y por haber, cuando me llegó un mail de los Teatros del Canal, rápidamente nos pusimos de acuerdo y, este pasado domingo 18 de febrero, nos encontró viendo Pandataria. El escenario presagiaba una hora y media de plena atención. La Sala Verde, a las 18:30 h en punto, se oscureció por completo. Junto a ella, Chevi Muraday (dirección y coreografía), Elio Toffana, La Merce, Basem Nahnouh y Chus Western.

Nos regalaron una fusión de emociones, sonidos, mensajes y reflexiones en torno a Pandataria (hoy, isla de Ventotene. Frente a las costas italianas de Nápoles en el Mar Tirreno). La historia nos dice que, hace más de 2.000 años, allí eran enviadas las mujeres aristócratas que, según las costumbres de la época en el Imperio Romano, tenían comportamientos sexuales similares al de los hombres (adulterio) o eran poderosas, independientes o políticas. Julia la Mayor, Agripina la Mayor u Octavia, entre otras.

En 1941, el dictador Benito Mussolini, envió a esa “isla prisión” a Alterio Spinelli (político federalista europeo), Ernesto Rossi (político y periodista que combatió al fascismo) y Eugenio Colorni (filósofo y activista antifascista). En junio de ese mismo año, estos tres personajes, redactaron el Manifiesto de Ventotene, más tarde conocido como “Por una Europa libre y unida. Proyecto de manifiesto”, publicado por primera vez en 1944. Nacía, de esta manera, el federalismo europeo.

Ursula Hirschmann (1913, Berlín) formó parte de la resistencia al auge del nazismo. Se casó con Eugenio Colorni y, cuando éste fue arrestado, se fue con él a la isla de Ventotene. Fue ella quien se llevó el manifiesto a la península italiana y colaboró para divulgarlo. Había sido escrito de forma clandestina (estamos en un contexto de encarcelamiento) en papel de cigarrillos y escondido en una caja de hierro de doble fondo. Hablamos de cuatro personas pero fueron muchas más las involucradas.

¿Podemos concluir en que Pandataria es una obra absolutamente politizada? Sería hacer un análisis superficial, de fácil lectura y oportunista. La obra, con danzas y músicas de varios estilos, quiere abrirnos los ojos o, por lo menos, mantener la llama de la memoria. Interpretada por actores y bailarines de todas las culturas posibles (con todo lo que ello implica), es una provocación directa al espectador. ¿Qué otra cosa es el teatro acaso? Varios asistentes no aplaudieron y buscaban complicidad con la mirada.

La creatividad de un escenario sencillo a priori que acaba modificado en varios conceptos. Escenas y actores provocativos. Sociedades anestesiadas, cada vez más, en lo humano y excitadas con la inteligencia artificial como si no hubiera un mañana. Abrir consciencias no está de moda. Hay una batalla cultural y moral que se está perdiendo y ello se está reflejando en las empresas. Quizá, cuando nos queramos dar cuenta (como siempre), será tarde. ¿Es Pandataria la “cárcel” de la inteligencia emocional?

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