“Una limitación general de la mente humana es su insuficiente capacidad para reconocer estados pasados del conocimiento o creencias que han cambiado. Una vez que adoptamos una nueva visión del mundo (o de una parte de él), inmediatamente perdemos  buena parte de nuestra capacidad para recordar lo que solíamos creer antes de que nuestro pensamiento cambiara”. Este pasado miércoles 27 de marzo, a la edad de 90 años, falleció Daniel Kahneman, psicólogo israelí-estadounidense.

“El sesgo de la retrospección tiene efectos perniciosos en las evaluaciones de quienes toman decisiones. Induce a los observadores a evaluar el carácter de una decisión no por lo adecuado de la misma, sino según sea bueno o malo su resultado. Consideremos una operación quirúrgica de poco riesgo en la que se produce un accidente impredecible que causa la muerte del paciente. Después del hecho, un jurado se inclinará a creer que la operación era en realidad arriesgada y que el médico que la ordenó debió de tener conocimiento de ello. Este sesgo hace casi imposible evaluar debidamente una decisión conforme a las creencias que eran razonables cuando se tomó la decisión”. Kahneman (1934-2024) nos ha aportado mucho en el mundo de la formación orientada a la psicología de las ventas pero también de ciertas competencias.

“La confianza subjetiva en un juicio no es una evaluación razonada de la probabilidad de que tal juicio sea correcto. La confianza es un sentimiento que refleja la coherencia de la información y la facilidad cognitiva de su procesamiento. Es razonable tomarse en serio el reconocimiento de la incertidumbre pero las afirmaciones de confianza plena nos dicen ante todo que un individuo ha construido en su mente una historia coherente, no necesariamente que la historia sea verdadera”. Pensar rápido, pensar despacio (2011) es una de sus obras más populares y de la que extraigo estos fragmentos como un homenaje a quien tanto ha contribuido para comprender la mente humana.

“Nuestro estado emocional se halla en gran medida determinado por aquello a lo que atendemos, y normalmente nos centramos en la actividad del momento y en el entorno inmediato. Hay excepciones en las que la cualidad de la experiencia subjetiva está dominada por ideas recurrentes más que por lo que sucede en el momento. Cuando nos sentimos animados por un enamoramiento, podemos sentirnos alegres aunque estemos en un atasco, y si estamos apenados, podemos hallarnos deprimidos aun viendo una película cómica. Pero, en circunstancias normales, lo que sucede en el momento puede producirnos alegría o pena si prestamos atención”.

Por ello, la psicología cognitiva (el estudio de los procesos mentales comprometidos en el conocimiento) es esencial en el marco de la enseñanza, sobre todo adulta. Lo que nos deja Daniel Kahneman es enorme a la hora de “tratar” de comprender el comportamiento humano llevado al mundo de las ventas, la atención al cliente o las competencias profesionales. Gracias a él sabemos que tenemos un pensamiento intuitivo y emocional (el rápido) y otro deliberativo y lógico (el lento).

Si bien la psicología sigue evolucionando (gracias a la ciencia y la tecnología se pueden registrar y medir muchos comportamientos), intentar profundizar en nuestros pensamientos nos permite protegernos de ciertos sesgos que nos crean problemas en la interrelación con los demás. En esta fascinante experiencia que es la vida, leer, comprender, interpretar e interiorizar el legado de Kahneman, nos acerca un poco más a la felicidad del momento y no a la pretendida por una demanda social sin principios.

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