Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid

Jueves 17 de mayo de 2007 (recuperando artículos)

El pasado 17 de mayo terminé de descubrir un grupo al que había escuchado por referencias y por lo que significan dentro de la historia del rock en general. Pero cuando se ven películas como Quadrophenia o la ópera rock Tommy (aunque cuesta un poco, al principio, entenderla muy bien), o se escucha el último CD luego de 24 años sin grabar, todo empieza a verse más claro… The Who es de esos grupos que no te dejarán nunca indiferente.

La química que tienen en directo; esa mezcla de sonidos tan particular (difícil clasificarlos, como si eso importara); la fortaleza de la voz de Roger Daltrey a pesar de batallar durante décadas; la forma tan personal de tocar la guitarra y ser protagonista en el escenario de Pete Townshend… y aunque falten Keith Moon en la batería y John Entwistle en el bajo, seguramente desde el cielo estén dando su aprobación a Zak Starkey (creo que Ringo Starr sólo ha tocado la batería como su hijo, y en una tercera parte, cuando grabó el Helter Skelter en el álbum blanco de The Beatles ¡¡¡CÓMO TOCA ESTE CHICO!!!) y a Pino Palladino (serio, sobrio pero contundente y soberbio cuando tuvo que ocupar su lugar). Completaron el grupo Brian Kehew en piano y teclados y Simon Townshend en coros y guitarra (gran guitarrista, aunque eclipsado por su hermano Pete).

Arrancaron los Who su gira europea de este 2007 con «I Can’t Explain» para ir realizando una especie de grandes éxitos en directo.

«My Generation» (es imposible no moverse y pensar en los momentos vividos de juventud), «The Kids Are Alright», «Substitute», «Baba O’Riley» (clasicazo), la hermosísima para mí gusto «Behind Blue Eyes», otro gran clásico «Won’t Get Fooled Again», «See Me Feel Me»,»Love Reign O’er Me», la anécdota de la noche con «Who Are You», ya que cuando promediaba la canción de repente se fue el sonido durante unos cinco minutos… Toda la banda quedó maravillada escuchando como todo el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid no paraba de cantar la canción hasta que se solucionó el problema: ¡¡¡fantástico!!!

Dos horas de concierto, de rock, de pop, de ópera, de emociones, de complicidades…

Larga vida al rock and roll, de la forma que sea, con las variantes que sean pero que cuando uno lo escuche hagan vibrar, sentir eso que los que gustamos de la música podamos sentir esa satisfacción en el alma, tan indescriptible como placenteramente excitante.

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