No recuerdo cuántos artículos he escrito sobre Rafa Nadal. Tampoco los he buscado y espero no repetirme. Espero… Y es que imagino a Daniil Medvédev, en su laberinto mental, cuando todas las salidas posibles lo devolvían al mismo punto de partida: ¿cómo se derrota a un tipo que se deja la vida por su propia superación personal? Me gusta escribir de forma atemporal. Volver sobre una lectura que podría estar redactada en cualquier momento es un reto para quién lo hace y para quién lo lee.

Escribir sobre eventos magnánimos, obliga al instante actual. No será este caso. ¡Bendito problema! Fue un domingo ocho de septiembre de 2019; no fue un partido de tenis más y había que volver a verlo. Siempre hablamos de esfuerzo, constancia, superación, fortaleza mental y una enorme colección de calificativos que a Rafa ya le quedan pequeños. Experimenté, en esa memorable y inclasificable final con el ruso, una sensación nueva y distinta con el de Manacor: creo que Rafa es un inconsciente.

Cuando trabajamos la inteligencia emocional, una de las claves iniciales es la autoconsciencia. Una persona que logra conocerse en profundidad puede llegar a un punto en el que sea consciente que para continuar el camino de su propio entendimiento necesite ser “inconsciente”. El autoconocimiento también lleva a ello: cuando soy consciente de algo, puedo saber qué y cómo hacerlo. Es en este punto (autoconocimiento) donde estamos “viendo” las decisiones que vamos a tomar.

Mi serie favorita de siempre será “Fringe”. El personaje del Dr. Walter Bishop sostiene, entre grandes pasajes de frases memorables: “Sólo aquellos que se atreven a ir demasiado lejos, descubren lo lejos que se puede llegar”. En realidad, la frase es del poeta y dramaturgo estadounidense Thomas Stearns Eliot (1888-1965). No todo el mundo quiere ir, siquiera, algo lejos. Es ahí, donde hay personas que admiramos y nos ilusionan con la posibilidad de seguir buscando la mejor versión de nosotros mismos.

Por eso decía que Rafa es un inconsciente. Hay que serlo cuando te conoces lo suficiente para saber que necesitas reinventarte en el largo camino de la vida y seguir buceando en tus propias profundidades, muchas veces a ciegas, para sorprenderte de hasta dónde eres capaz de llegar. A eso se le llama, saber sufrir. Ahora que se debate por volver y con pequeñas molestias para estar en un alto nivel, Rafa está sabiendo, como siempre lo ha hecho, sufrir. Aunque ponga lo mejor de él, no debe resultar sencillo.

Seguro que estamos muy lejos de un fuera de serie como Rafa pero no menos seguro es que, en nuestro día a día, podemos convertirnos en “inconscientes” conscientes de dar lo mejor (¡pero realmente lo mejor!) de cada uno de nosotros, en este hermoso camino que es la vida, y que, nuestra superación personal, sirva como ejemplo al entorno que nos rodea para aportar calidad de vida, incluso en lo profesional. Lo nuevo reemplaza a lo viejo; en todos los sentidos y aspectos. Es ley de vida saber adaptarse.

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