Palacio Municipal de Congresos de Madrid (Campo de las Naciones)

Viernes 23 de marzo de 2007 (recuperando artículos)

Llevar 40 años en el mundo del espectáculo no es cosa de todos los días y más cuando se traspasan las fronteras. Los actuales integrantes de Les Luthiers (Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich) manejan de memoria los tiempos, las entradas, al público y saben correctamente su trabajo… pero quizá les falte sorpresa, renovación.

«Las Obras de Ayer» (dos meses a sala llena en Madrid) es como lo subtitulan, un Refrito; un grandes éxitos. Las 21:00 h era la hora señalada para el comienzo. Así fue.

El espectáculo fue de más a menos: soberbia actuación general en «El sendero de Warren Sánchez», donde todo lo que envuelve a un predicador es un parodia fenomenal de lo que sería una secta.

«La Balada del Séptimo Regimiento» recuerda al gran Miguel «Gila» Cuesta y esas escenas ridículamente fantásticas sobre la guerra.

Presentaron también «Cantata del Adelantado Don Rodrígo Díaz de Carreras, de sus Hazañas en Tierras de Indias, de los Singulares Acontecimientos en que se vio Envuelto y de Cómo se Desenvolvió», «San Ictícola de los Peces» (quizá el más flojo), «Pepper Clemens Sent the Messenger, Nevertheless the Reverend Left the Herd»; «Quien Conociera a María Amaría a María» y «La Hora de la Nostalgia».

Magistralmente dirigidos por Marcos Mundstock, sobre todo en los intermedios y sus lecturas que finalizaban en la siguiente obra, Les Luthiers hacen un humor tildado de inteligente pero muchas veces caen en el chiste o la broma fácil, previsible.

El público español, absolutamente entregado. Quizá, para un argentino, no sorprenda (Raquel salió, podríamos decir, defraudada; yo con la sensación de frío, de vacío).

Está claro que 40 años arriba de un escenario es para sacarse el sombrero y que hacen reír como pocos sin caer en el golpe bajo pero un poco de renovación en la forma de hacer humor, de frescura, de no ser tan previsibles, no harían más que tener ganas de volver a verlos…

Queda la sensación de vacío. La sensación de pensárselo antes de volver a verlos. Así y todo, cuando vuelvan ahí estaremos. Las sensaciones o emociones van por barrios. Innegable darles otra oportunidad. Faltaría más.

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